Con sabias y
benévolas maneras,
mi
hermana explicó al fin que era doncella;
Pero esto no
apagó ni una centella
del
fuego de la dama enamorada.
No por esto creyó menos hermosos
su rostro, su mirada y su figura,
ni
recobró su corazón, que andaba
perdido ya
en los ojos de la amada.
Al verla en traje varonil, espera
que el deseo no
acabe consumiéndola,
y
cuando piensa que es mujer, suspira,
gime y llora con lástima infinita.
Se lamenta Fiordespina:
“Las
hembras, ni entre humanos ni entre fieras
se gustan: la mujer no gusta a otras;
ninguna oveja a las ovejas ama;
ninguna
cierva por las cierva brama”.
Sigue Ricardeto:
Así
llora y se afana y se consume
la bella dama sin hallar sosiego.
Se
golpea y se mesa los cabellos.
Intentando
vengarse de sí misma.
Mi
hermana, conmovida, llora y llora.
De
tan gran aflicción compadecida.
Intenta
disuadirla de su insano
deseo
pero todo esfuerzo es vano.
No obstante, Fiordespina invita a Bradamante a su palacio.
Fiordespina
atendió con gran cariño
a mi hermana y mandó que ataviaran
con ropa femenil, de tal
manera
que
todos por mujer la conocieran.
Aunque
durmieron en el mismo lecho,
fueron muy diferentes sus reposos:
una duerme y
la otra gime y llora,
sintiendo
más ardiente su deseo.
Y si el
sueño tal vez cierra sus ojos,
es sueño
lleno de imaginaciones,
y cree ver que le concede el cielo
modificarle a Bradamante el sexo.
Despierta y tiende al despertar la mano,
y al fin advierte que su sueño es
vano
¡Cuántas
plegarias, cuántos ruegos hizo
a su Mahoma y a los dioses todos
para que con milagro manifiesto
transformasen el sexo de su amada!
.jpg) |
| Grabado de Doré para este episodio del "Orlando Furioso". Aquí están Fiordespina y Bradamante despertándose. |
Mi hermana
cabalgó velozmente,
que a Montalbán llegó en el mismo día.
Y de
principio a fin nos contó toda
su peripecia, tal como yo lo he hecho.
Ridardeto planea su varonil jugada.
Con mi
esperanza urde sus nudos
(porque con
otros no podría),
me hace suyo
y me muestra la manera
de obtener
de la dama lo que quiero.
Resultará muy fácil el engaño,
pues si
todos solían confundirnos
a mi hermana
y a mí,de igual manera
se podrá confundir esta doncella.
Acude
Fiordespina y me recibe
con grandes
alegrías y atenciones,
y tal felicidad en la mirada,
que era
imposible verla más ufana.
Se me colgó del cuello y dulcemente
con fuerte abrazo me besó en la boca.
Imagínate el
modo en que la flecha
de Amor se me clavó en mitad del pecho.
Como Fiordespina cree que sigue siendo Bradamante lo
viste con galas de mujer y pasea con “ella”. Y a Ricardeto le hubieran salido novios.
Y
me reí mucho de los que, ignorando
lo brioso y gallardo que tenía
debajo de
las faldas escondido,
se insinuaban
con mirar lascivo.
…la dama no
esperó a que le contase
la razón por que había regresado ,
y me invitó, con toda gentileza,
a su aposento y a yacer con ella.
Aparece el tema del hechizo que puede cambiarte el sexo. Ricardeto le cuenta por qué ha vuelto: resulta que por el camino rescató a una dama de un fauno
que la amenazaba. Y la dama resultó ser una maga.
Dijo: “Tu ayuda
no habrá sido en vano,
porque con creces vas a ser premiado.
Pídeme lo que quieras, que soy ninfa
y habito en
estas aguas cristalinas;
puedo obrar maravillas; forzar puedo
a la natura
y a sus elementos”.
Apenas hube expuesto mi demanda,
se sumergió
de nuevo sin decirme
ya nada más: su única respuesta
fue
salpicarme con el agua mágica.
Al mojarme la cara, no sé cómo,
quedé completamente transformada.
Miro y toco, y apenas me lo creo:
era mujer y
ya varón me veo!
La superchería de Ricardeto funciona perfectamente. Fiordespina está encantada con el cambio y él se lo pasa bomba, que es todo lo que pretendía.
Y el poeta remata con
la clásica metáfora bélica….
No sonaron tambores ni trompetas
dando
principio al amoroso asalto,
sino besos y arrullos de palomas
que urgían
al embate o al descanso.
No disparamos hondas ni saetas.
Yo asalté
aquella roca sin escalas,
mi
estandarte planté de una embestida
y logré doblegar a mi enemiga.
El final que da Ariosto a este romance es bien distinto del que nos ofrecen Barr y Bolland. Supongo que era mucho pedir a un poeta cortesano del siglo XVI una solución tan del sigo XX como la de "CAMELOT 3000", por muy socarrón que fuese. De hecho no es imposible que lo hubiese imaginado. En el libro hay más episodios repletos de equívocos sexuales. Aún así el final de Ariosto es bastante cínico y deja muy en entredicho la "nobleza" del varón, que en este episodio proclama a las claras que va a lo que va, en contraste con su hermana, verdadera poseedora de los ideales caballerescos en todo el libro.
Después de haber escrito esta entrada, he descubierto un
curioso romance titulado EL CASAMIENTO
ENTRE DOS DAMAS. Romance en que se refieren los sucesos de una Señora natural
de la ciudad de Viena, corte del Imperio, y la varia fortuna que tuvo,
habiéndose salido de su patria en busca de un amante suyo. Impreso en Madrid,
en la imprenta y librería de Andrés de Sotos, 1775.
Lo he encontrado en el libro “AL MARGEN DE LA LEY. Atroces, bandidas, adulteras y un casamiento
entre damas. Pliegos de cordel”. Editado por dirección única, 2018
Propone una nueva variación al tema del romance lésbico. Es la historia de Doña Gertrudis, que, abandonada por su
amante, se va de casa a buscarle vestida de caballero, haciéndose llamar Don
Carlos. De esta guisa llega a conocer a una Princesa que se enamora
perdidamente de Don Carlos. Por motivos variados, para evitar que la descubran,
don Carlos acaba aceptando casarse con la princesa. Y en la misma noche de
bodas le tiene que confesar la verdad:
La Princesa, que aguardaba / gozar los
tiernos alhagos,
y delicias del amor, / le dice: ”¿A qué
aguardas, Carlos?
¿No te vienes a acostar? / ¿qué mal suceso
has logrado
en ser mi querido esposo? / Si no merezco
tus brazos,
la culpa no tengo yo / de eso, mi querido
Carlos,
¿Por qué te afliges, mi bien?” / Le
respondió suspirando:
”Señora, advierte y repara / lo fúnebre de
este caso.
Yo
soy mujer como veis, / que mi
rigoroso astro
á este punto me ha traído.
Aquí
Carlos/Gertrudis le cuanta su historia y se sincera con la princesa, que
resultará ser una mujer muy desprejuiciada:
…y pues su alteza me estima, / hágase el
mismo reparo;
que si me descubro, soy / perdida, y así le
encargo
dé forma de que me ausente.” / La Princesa
así le ha hablado:
‘‘Pues mira querida mía, / lo que me has
participado
será algún grande misterio, / y con sigilo y recato
haremos
vida gustosa, / que es tanto lo que te amo
que
teniéndote a mi vista, / no quiero mayor
descanso.”
El problema
es que las princesas están ahí para producir descendientes, y en su entorno
empiezan las suspicacias:
..……..
Con el nombre de su esposo / hasta dos años pasaron;
Y viendo todo el concurso, / y número de
vasallos
que pasado dicho tiempo / y no se ven
coronados
con el sucesor que aguardan; / ni
que tampoco a don Carlos
bozo,
ni barba salía, / se hacen
discursos varios.
…………………..
En fin, por no ser molesto, / otros dos años pasaron.
En este tiempo en la corte, albergan dudas
sobre la masculinidad del esposo de su princesa, y no dejan de provocar
situaciones que obliguen a Don Carlos a desnudarse. Llega
un momento en que decide que tiene que huir porque ya no sabe como escabullirse
y ve que le van a descubrir.
………………..
Aquí fueron los quebrantos, / Y las
duplicadas penas,
como los copiosos llantos, / Que hacen los dos amantes,
en ver que será llegado / El plazo de sus
desdichas
y la ausencia de su Carlos.
………..
¡Oh qué dolor causaría! / ¡qué penas y qué
quebrantos!
¡qué
lágrimas tan copiosas / Y qué tan tiernos alhagos!
¡qué
suspiros, qué sollozos! / ¡y qué tan dulces abrazos!
¡qué
cariñosas palabras / entre las dos han pasado!
Como se ve
la despedida es la de dos amantes. La relación lésbica está claramente
establecida y es sólo por miedo a los prejuicios sociales por lo que deciden
separarse. Pero no se alarmen. Nuestro Señor no permitirá que un amor tan
sincero se rompa. Cuando Carlos /Gertrudis ha escapado del palacio y ya va por
el campo ocurre el milagro:
Pero Dios, compadecido / de su riesgo y su
quebranto,
quiso remediar su pena / con un portento muy raro.
Fue el caso, que andando el monte / á
distancia de cien pasos
ha divisado Gertrudis / un unicornio, que osado
hacia donde está se viene; / y confusa en
este caso,
sin saber buscar refugio / se arrimó á un próximo árbol.
Llegó
el feroz animal, / de un golpe le ha derribado:
cayó
de espaldas Gertrudis, / y en su vientre le ha formado
una
muy perfecta cruz, / y del monte se ha ausentado.
Vuelta en sí se levantó; / y admirada del
fracaso,
se reparó, y vido que / en varón se ha transformado.
El ahora sí
don Carlos vuelve corriendo a casa de su amada exhibiéndose ante todos, ahora
que puede. La Princesa que lo ve volver está extrañadísima, claro, hasta que
hablan:
No obstante la gran Princesa / quiere salir de este encanto.
a Carlos aparte llama; / y contándole este
encanto
del unicornio, al Señor / rinden debidos
aplausos,
dan debidas alabanzas, / en altas voces cantando
sus grandes misericordias, / y sus juicios tan altos.
…………….
Pasados algunos meses / el cielo los ha dotado
en
darles un sucesor, / para su gusto y
descanso.
Es decir, nos propone el final que ya hubiera querido la princesa Fiordespina, para la que no existió ningún hechizo salvador.