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domingo, 5 de abril de 2015

PROBLEMAS DE GÉNERO E IDENTIDAD SEXUAL EN LA CABALLERÍA ANDANTE

A estas alturas del siglo XXI todos hemos aprendido que hay que ser “políticamente correcto”.  Una de sus expresiones más visibles en la cultura popular es la paulatina desaparición del perfil del héroe como “varón blanco anglosajón y heterosexual” exclusivamente. Hace ya tiempo que las mujeres y las minorías (?) étnicas exigen tener la presencia que les corresponde. Y, desde luego, todo lo relativo a cuestiones de género y de identidad sexual no se ha quedado fuera de esta reclamación de visibilidad.
A esto hay que añadir que todas las formas de entretenimiento mínimamente industriales  intentan captar un  público global y no están dispuesta a dejar que nadie se escape. Aquellos guetos culturales tradicionalmente juveniles y masculinos, como lo fueron los videojuegos y los tebeos, ya no son ni guetos, ni juveniles,  ni masculinos. Los grandes productores de entretenimiento no quieren ignorar las lógicas demandas de normalización de todos estos colectivos. Así la mismísima editorial Marvel se ha lanzado a un aggiornamento de su plantel súper heroico. La búsqueda de ese público total ( incluido el público femenino, hasta no hace tanto ajeno al mundo de los tebeos) está, también, en el origen de estos intentos  de complacer a todas las “minorías” y públicos imaginables  : han introducido personajes homosexuales; el Capitán América será afroamericano, como el Coronel Furia ya lo es en las películas; y Thor, desde ahora mismo, no es que cambie de sexo y de género, es que es una mujer, y todo lo que creíamos saber de él pasa a la categoría de “sueño de Antonio Resines”.  Se diría que Marvel quiere competir por el público de Modern Family. En esta línea de re-escritura correctora se hace necesario que aparezca  ya un superhéroe discapacitado, o de la tercera edad o con síndrome de Down.
  Pero todo esto es una digresión que me aleja de mi tema. Y es que, relacionado de no sé qué modo con esto de las identidades sexuales y las cuestiones de género, he recordado la estupenda serie de Mike Barr dibujada por Brian Bolland “CAMELOT 3000” (1982-1985). En ella hacían una revisión futurista del mito artúrico,  y ofrecían una solución “fin de siglo XX” a un “problemilla” de ese cariz con muchos y sorprendentes paralelismos al que ya planteó Ludovico Ariosto en su “Orlando Furioso” en el siglo XVI, también en un ambiente de caballeros andantes. Como veréis hay de todo: caballeros andantes,  lealtades, traiciones, encantamientos, travestismo, transgénero, problemas al asumir papeles de género, transexualidad y lesbianismo.


En un episodio del "Orlando..." vemos como Bradamte, una mujer guerrera, una auténtica "caballera" andante, se ve confundida con un hombre en una equívoca situación que termina resultando demasiado "queer" para ella. Nos lo cuenta su hermano mellizo Ricardeto, que resultará ser un espabilado de cuidado. 

Quizá se trate de una hermana mía,
Que ciñe espada y viste de armadura:
Somos mellizos y a tal punto símiles,
Que ni nuestra familia nos distingue.

 Sucedió, pues, un día que mi hermana,
cuando cruzaba los vecinos bosques
sin yelmo, fue atacada por un grupo
de sarracenos, y se vio obligada
a cortarse la larga cabellera
para sanar de una muy fea herida
que había recibido en la cabeza,
y rapada, vagó por la floresta.
   Llegó vagando hasta un fuente umbría;
sintiéndose cansada y afligida,
desmontó del corcel, se quitó el yelmo
y se durmió sobre la blanda hierba.
Fiordespina de España pasó entonces,
mientras iba de caza por el bosque.
    Cuando a mi hermana vio, toda cubierta,
excepto la cabeza, de armadura,
 y con espada, en vez de llevar rueca,
la creyó sin dudarlo un caballero.
Le rindió el corazón estar mirando
tan bello rostro y tan viril figura. 
  
    Ya lejos de los otros, la conduce
a un lugar donde nadie los moleste,
y con pausados gestos y palabras
 le descubre la herida de su pecho.
 Con ardientes miradas y suspiros
 dice el ansia que el alma le consume.
 Ora encendida o  pálida, al fin osa
arrebatarle un beso de la boca.
   Mi hermana, que entendió que aquella dama
se había equivocado, no podía
ayudarle  en su cuita, y se vio inmersa
en una situación embarazosa.
Mejor será (pensaba) que deshaga
esta equivocación que me concierne:
 mostrarme quiero cual mujer amable,
y no cual hombre vil y miserable”.
 Con sabias y benévolas maneras,      
mi hermana explicó al fin que era doncella;
 Pero esto no apagó ni una centella    
del fuego de la dama enamorada.
No por esto creyó menos hermosos     
su rostro, su mirada y su figura,               
ni recobró su corazón, que andaba
perdido ya en los ojos de la amada.    
Al verla en traje varonil, espera       
que el deseo no acabe consumiéndola, 
y cuando piensa que es mujer, suspira,
gime y llora con lástima infinita.

Se lamenta Fiordespina:

Las hembras, ni entre humanos ni entre fieras 
se gustan: la mujer no gusta a otras;
ninguna oveja a las ovejas ama;
ninguna cierva por las cierva brama”. 

Sigue Ricardeto:

Así llora y se afana y se  consume 
la bella dama sin hallar sosiego. 
Se golpea y se mesa los cabellos.
Intentando vengarse de sí misma. 
Mi hermana, conmovida, llora y llora.
De tan gran aflicción compadecida.
Intenta disuadirla de su insano 
deseo pero todo esfuerzo es vano.

No obstante, Fiordespina invita a Bradamante a su palacio.

Fiordespina atendió con gran cariño 
a mi hermana y mandó que ataviaran 
con ropa femenil, de tal manera  
que todos por mujer la conocieran.
Aunque durmieron en el mismo lecho,
fueron muy diferentes sus reposos: 
una duerme y la otra gime y llora,
sintiendo más ardiente su deseo.                                     
Y si el sueño tal vez cierra sus ojos,  
es sueño lleno de imaginaciones, 
y cree ver que le concede el cielo 
modificarle a Bradamante el sexo.

Despierta y tiende al despertar la mano,
y al fin advierte que su  sueño es vano
¡Cuántas plegarias, cuántos ruegos hizo
a su Mahoma y a los dioses todos 
para que con milagro manifiesto
transformasen el sexo de su amada! 
Grabado de Doré para este episodio del "Orlando Furioso". Aquí están Fiordespina y Bradamante despertándose.




Mi hermana cabalgó velozmente,    
que a Montalbán llegó en el mismo día.
Y de principio a fin nos contó toda    
su peripecia, tal como yo lo he hecho.





Ridardeto planea su varonil jugada.

Con mi esperanza urde sus nudos   
(porque con otros no podría),    
me hace suyo y me muestra la manera
de obtener de la dama lo que quiero.   
 Resultará muy fácil el engaño,   
pues si todos solían confundirnos   
a mi hermana y a mí,de igual manera  
se podrá confundir esta doncella.

Acude Fiordespina y me recibe   
con grandes alegrías y atenciones,   
 y tal felicidad en la mirada,   
que era imposible verla más ufana.  
   Se me colgó del cuello y dulcemente    
 con fuerte abrazo me besó en la boca.   
Imagínate el modo en que la flecha    
de Amor se me clavó en mitad del pecho.

Como Fiordespina cree que sigue siendo Bradamante lo viste con galas de mujer y pasea con “ella”. Y a Ricardeto le hubieran salido novios.

 Y me reí mucho de los que, ignorando
 lo brioso y gallardo que tenía     
debajo de las faldas escondido,   
se insinuaban con mirar lascivo.

…la dama no esperó a que le contase    
 la razón por que había regresado ,    
 y me invitó, con toda gentileza,  
 a su aposento y a yacer con ella.





Aparece el tema del hechizo que puede cambiarte el sexo. Ricardeto le cuenta por qué ha vuelto: resulta que por el camino rescató a una dama de un fauno que la amenazaba. Y la dama resultó ser una maga.

Dijo: “Tu ayuda no habrá sido en vano,    
porque con creces vas a ser premiado.   
Pídeme lo que quieras, que soy ninfa     
y habito en estas aguas cristalinas; 
puedo obrar maravillas; forzar puedo 
a la natura y a sus elementos”.
 Apenas hube expuesto mi demanda,    
se sumergió de nuevo sin decirme   
ya nada más: su única respuesta   
fue salpicarme con el agua mágica.   
Al mojarme la cara, no sé cómo,      
quedé completamente transformada.   
Miro y toco, y apenas me lo creo:  
era mujer y  ya varón me veo!






La superchería de Ricardeto funciona perfectamente. Fiordespina está encantada con el cambio y él se lo pasa bomba, que es todo lo que pretendía.
Y el poeta remata con  la clásica metáfora bélica….

 No sonaron tambores ni trompetas   
dando principio al amoroso asalto,   
 sino besos y arrullos de palomas   
que urgían al embate o al descanso.  
 No disparamos hondas ni saetas.   
Yo asalté aquella roca sin escalas,     
mi estandarte planté de una embestida 
y logré doblegar a mi enemiga.



El final que da Ariosto a este romance es bien distinto del que nos ofrecen Barr y Bolland. Supongo que era mucho pedir a un poeta cortesano del siglo XVI una solución tan del sigo XX como la de "CAMELOT 3000", por muy socarrón que fuese. De hecho no es imposible que lo hubiese imaginado. En el libro hay más episodios repletos de equívocos sexuales. Aún así el final de Ariosto es bastante cínico y deja muy en entredicho la "nobleza" del varón, que en este episodio proclama a las claras que  va a lo que va, en contraste con su hermana, verdadera poseedora de los ideales caballerescos en todo el libro. 










































































Después de haber escrito esta  entrada, he descubierto un curioso romance titulado EL CASAMIENTO ENTRE DOS DAMAS. Romance en que se refieren los sucesos de una Señora natural de la ciudad de Viena, corte del Imperio, y la varia fortuna que tuvo, habiéndose salido de su patria en busca de un amante suyo. Impreso en Madrid, en la imprenta y librería de Andrés de Sotos, 1775.
Lo he encontrado en el libro “AL MARGEN DE LA LEY. Atroces, bandidas, adulteras y un casamiento entre damas. Pliegos de cordel”. Editado por dirección única, 2018
Propone una nueva variación al tema del romance lésbico. Es la historia de Doña Gertrudis, que, abandonada por su amante, se va de casa a buscarle vestida de caballero, haciéndose llamar Don Carlos. De esta guisa llega a conocer a una Princesa que se enamora perdidamente de Don Carlos. Por motivos variados, para evitar que la descubran, don Carlos acaba aceptando casarse con la princesa. Y en la misma noche de bodas le tiene que confesar la verdad:
La Princesa, que aguardaba / gozar los tiernos alhagos,
y delicias del amor, / le dice: ”¿A qué aguardas, Carlos?
¿No te vienes a acostar? / ¿qué mal suceso has logrado
en ser mi querido esposo? / Si no merezco tus brazos,
la culpa no tengo yo / de eso, mi querido Carlos,
¿Por qué te afliges, mi bien?” / Le respondió suspirando:
”Señora, advierte y repara / lo fúnebre de este caso.
Yo soy mujer como veis, / que mi rigoroso astro
á este punto me ha traído.
   
Aquí Carlos/Gertrudis le cuanta su historia y se sincera con la princesa, que resultará ser una mujer muy desprejuiciada:
      
…y pues su alteza me estima, / hágase el mismo reparo;
que si me descubro, soy / perdida, y así le encargo
dé forma de que me ausente.” / La Princesa así le ha hablado:
‘‘Pues mira querida mía, / lo que me has participado
será algún grande misterio, / y con sigilo y recato
haremos vida gustosa, / que es tanto lo que te amo
que teniéndote a mi vista, / no quiero mayor  descanso.”
          
El problema es que las princesas están ahí para producir descendientes, y en su entorno empiezan las suspicacias:
 ..……..
Con el nombre de su esposo / hasta dos años pasaron;
Y viendo todo el concurso, / y número de vasallos
que pasado dicho tiempo / y no se ven coronados
con el sucesor que aguardan;  / ni que tampoco a don Carlos
bozo, ni barba salía, / se hacen discursos varios.
         …………………..
En fin, por no ser molesto, / otros dos años pasaron.
 En este tiempo en la corte, albergan dudas sobre la masculinidad del esposo de su princesa, y no dejan de provocar situaciones que  obliguen a Don Carlos a desnudarse. Llega un momento en que decide que tiene que huir porque ya no sabe como escabullirse y ve que le van a descubrir.

         ………………..
Aquí fueron los quebrantos, / Y las duplicadas penas,
como los copiosos llantos, / Que hacen los dos amantes,
en ver que será llegado / El plazo de sus desdichas
y la ausencia de su Carlos.
            ………..
¡Oh qué dolor causaría! / ¡qué penas y qué quebrantos!
¡qué lágrimas tan copiosas / Y qué tan tiernos alhagos!
¡qué suspiros, qué sollozos! / ¡y qué tan dulces abrazos!
¡qué cariñosas palabras / entre las dos han pasado!
                               
Como se ve la despedida es la de dos amantes. La relación lésbica está claramente establecida y es sólo por miedo a los prejuicios sociales por lo que deciden separarse. Pero no se alarmen. Nuestro Señor no permitirá que un amor tan sincero se rompa. Cuando Carlos /Gertrudis ha escapado del palacio y ya va por el campo ocurre el milagro:

Pero Dios, compadecido / de su riesgo y su quebranto,
quiso remediar su pena / con un portento muy raro.
Fue el caso, que andando el monte / á distancia de cien pasos
ha divisado Gertrudis / un unicornio, que osado
hacia donde está se viene; / y confusa en este caso,
sin saber buscar refugio  / se arrimó á un próximo árbol.
Llegó el feroz animal, / de un golpe le ha derribado:
cayó de espaldas Gertrudis, / y en su vientre le ha formado
una muy perfecta cruz,  / y del monte se ha ausentado.
Vuelta en sí se levantó; / y admirada del fracaso,
se reparó, y vido que  /  en varón se ha transformado.

El ahora sí don Carlos vuelve corriendo a casa de su amada exhibiéndose ante todos, ahora que puede. La Princesa que lo ve volver está extrañadísima, claro, hasta que hablan:

No obstante la gran Princesa  / quiere salir de este encanto.
a Carlos aparte llama; / y contándole este encanto
del unicornio, al Señor / rinden debidos aplausos,
dan debidas alabanzas,  / en altas voces cantando 
sus grandes misericordias, / y  sus juicios tan altos.
                               …………….
Pasados algunos meses  / el cielo los ha dotado
en darles un sucesor, /  para su gusto y descanso.



Es decir, nos propone el final que ya hubiera querido la princesa Fiordespina, para la que no existió ningún hechizo salvador.

En la historia de M. Barr el Rey Arturo y sus caballeros se reencarnan en un futuro terrible en que la tierra está en peligro. Sólo ellos pueden salvarla. El único fallo es que Tristán se reencarna en el cuerpo de una mujer. Cuando el mensajero de Arturo "lo" encuentra y "él" se re-conoce, lo primero que hace es cortarse el pelo con muy buen pulso.

Así se presenta ante Arturo, asumiendo su nuevo sexo pero considerándose tan guerrero como siempre. E insistiendo en que ella es SIR Tristan.

El problema surgirá cuando se encuentre con que su amada Isolda sí se ha reencarnado correctamente en una mujer. Es evidente que se siguen queriendo, pero le asaltan los mismos escrúpulos que a Bradamante y a Fiordespina.









Pero la maga Morgana ofrece a Tristan  la posibilidad de cambiar de sexo mediante un hechizo, si traiciona a Arturo. Él se resiste. No quiere seguir en un cuerpo de mujer, pero un caballero no puede traicionar a su Rey.
Pero acabará cediendo "por amor a Isolda". Morgana le entrega un talismán que obrará el milagro a su debido tiempo. 












Pero el talismán que obraría el milagro acaba destrozado y Tristán se 
desespera.

Al final Tristan tiene que asumir su nuevo "género" y  que sigue enamorado/a de Isolda, que, todo hay que decirlo, en ningún momento vio ningún problema en la nueva condición de su amado. Así que rechaza al pretendiente que le había salido y...



...con esta gloriosa apoteosis lésbica, que Ariosto no se atrevió a proponer, remata la parte más memorable de un tebeo, por lo demás, muy entretenido.

Perdonad que haya mezclado imágenes en inglés y español. Por desgracia no disponía de todo el material en español.



viernes, 13 de junio de 2014

CONTANDO LA MISMA HISTORIA: VARIACIONES SOBRE "EL BURLADO".

Se ha dicho muy a menudo que todas las historias ya están contadas, que el número de argumentos es limitado y que no hacemos otra cosa que repetirlos. Seguramente es cierto. Todos hemos visto decenas de películas que cuentan la misma historia, con las mínimas variaciones de los nombres de los personajes y de la época en que está ambientada.

Pero esto no es necesariamente malo. Robert Louis Stevenson, en el poema introductorio  a « La isla del tesoro », de 1883, evoca lo mucho que disfrutó siempre con las historias de piratas.
Y se refiere a ellas con estas palabras:  “And all the old romance, retold, /exactly in the ancient way”Es decir, las historias de siempre contadas como siempre se han contado. 
Al escribir la isla del tesoro sólo pretende continuar una tradición narrativa, volver a contar otra vez esas historias de piratas que a él siempre le gustaron y que otros muchos habían contado antes. 

Esta idea la recoge también Dorothy M. Johnson unos 60 años después en su cuento "El incrédulo" con estas palabras: "Mitchell volvió a contar la misma historia...sin cambiar una sola minucia, tal y como se supone que las historias han ser narradas." 

No obstante  hay veces en que las similitudes entre las historias son tan concretas que  sólo se puede pensar en que un autor ha leído al otro y ha decidido usar el mismo recurso.
Propongamos esta historia: una persona se ve atrapada por alguien que le va
 a torturar sádicamente antes de matarlo. Sabe que no tiene escapatoria, pero no quiere sufrir. Al final logra engañar a los torturadores para que le maten sin sufrimiento. Los torturadores se dan cuenta de que han sido burlados por la victima, que logra así una victoria póstuma.

 La primera versión que leí de esta historia es la de Hugo Pratt, en la  aventura de Corto Maltés,  “Hongos y cabezas”, de 1970.  Está ambientada en las selvas amazónicas y acaba con Corto Maltés observando una cabeza reducida por los jíbaros que quizá sea la del protagonista de la burla .






Pero es que 19 años antes, en 1951, Harvey Kurtzman había escrito y dibujado otra versión del tema para la revista "Two –Fisted Tales", que llamó “Jivaro death!”, aquí traducida por el más prosaico “Muerte a manos de los jíbaros”. Está también ambientada en el río Amazonas y el protagonista también acaba con su  cabeza reducida. Curiosa coincidencia.





    No sé si Pratt había leído la historieta de Kurtzman, pero estoy seguro de ambos conocían el estupendo cuento de Jack London (1876-1916) de donde tomo el nombre para esta entrada: “El burlado” (“Lost face”).
    Aquí hay cambios: El  protagonista es un polaco que, después de fracasar en distinta revueltas por la independencia de su país, acaba atravesando Siberia y llegando a Alaska cuando los rusos empezaban a establecerse allí, poco antes de 1790 (por lo que se dice en el cuento respecto a la presencia de españoles en las costas de Alaska).  Allí los rusos abusan y explotan brutalmente a los indígenas hasta que estos se rebelan y acaban con los explotadores torturándolos todo lo que pueden. El último que queda, el protagonista, se enfrenta al odio de un indígena al que obligaron a trabajar a latigazos. Aquí, como en Pratt, uno de los torturadores indígenas conoce personalmente a los blancos y tiene comprensibles razones para odiarlos.
Siguen los párrafos más significativos del cuento de Jack London.

¡Oh, Makamuk! -le dijo-. Yo no estoy destinado a morir. Soy un gran hombre y sería una locura que muriera. En verdad debo seguir viviendo. Yo no soy como esta carroña -miró el bulto gimiente que había sido el Gran Iván y lo rozó despectivamente con la punta de su mocasín-. Yo sé demasiado para morir. Mira que poseo una gran medicina. Yo sólo sé el secreto. Y como no voy a morir, cambiaré la medicina contigo.
-¿Qué medicina es esa? -preguntó Makamuk.
  -Te lo diré. Si aplicas un poco de esta medicina a tu piel, ésta se vuelve tan dura como la piedra, tan dura como el hierro, de modo que ni el arma más afilada puede cortarla. El filo más agudo, el golpe más fiero, resultan vanos contra ella. Esa medicina torna el cuchillo de hueso en un pedazo de barro y mella el filo de los cuchillos de acero que nosotros les hemos dado a conocer. ¿Qué me darás a cambio de mi secreto?
-Esto es absurdo -dijo Makamuk-. No existe tal medicina. No puede ser. Nada puede resistir al filo del cuchillo -Makamuk no lo creía... y, sin embargo, dudaba. 

Subienkow no perdió mucho tiempo mientras reunía los ingredientes para su pócima. Seleccionó todo lo que le vino a las manos: agujas de abeto, cortezas de sauce, un trozo de corteza de abedul y unas bayas que hizo extraer de la tierra a los cazadores después de limpiar el terreno de nieve. Recogió por último unas cuantas raíces heladas y regresó al campamento.
Y mientras se frotaba el cuello con aquella mixtura entonó gravemente una estrofa de La Marsellesa. Levantó la mano. Makamuk blandió el hacha, una segura de las que utilizaban los indios para cortar troncos. El acero hendió como un rayo el aire helado, se detuvo una fracción de segundo a la altura de su cabeza y descendió después sobre el cuello desnudo de Subienkow. Carne y hueso cortó la hoja limpiamente, abriendo después una profunda hendidura en el tronco. Los salvajes, asombrados, vieron caer la cabeza a un metro de distancia del tronco ensangrentado.
Se hizo un profundo silencio, durante el cual, poco a poco, se fue abriendo camino en las mentes de aquellos salvajes la idea de que no existía tal medicina. El ladrón de pieles los había engañado. De todos los prisioneros, sólo él había escapado de la tortura. En eso había consistido su jugada. De pronto se levantó una oleada de risotadas. Makamuk agachó la cabeza avergonzado. El ladrón de pieles lo había burlado. Lo había ridiculizado ante los ojos de todos.





Y lo mejor de todo es que esta misma historia ya se contó mucho antes.  En 1516 Ludovico Ariosto publica el poema “Orlando Furioso”.  Relata las aventuras de Orlando (Roldán en España) y  otros muchos caballeros andantes, tanto musulmanes como cristianos, en los tiempos de Carlo Magno. Dentro de las infinitas aventuras de todo tipo que viven los numerosos personajes del libro, encontramos la trágica historia de la dama Isabela y su enamorado caballero Zerbino: Tienen la desgracia de toparse con el bestial y depravado caballero Rodomonte, que nada más ver a la dama quiere raptarla. Zerbino la defiende pero muere a manos de Rodomonte y la infeliz Isabela queda a su merced. Ella, temerosa de todo lo que le puede pasar con ese energúmeno, decide que seguirá fiel a su difunto Zerbino y de ninguna manera dejará que la viole y la deshonre.

  
    Ya no sabe qué hacer, pues ve que crece

el apetito ciego del pagano,
con quien, ansioso del lascivo acto,
cualquier oposición será baldía.
                …………..
     Y así le dijo al sucio sarraceno
cuando acudió con actos y palabras
privados ya de aquella cortesía
que le había mostrado inicialmente:
-Si lográis que con vos yo esté segura
de mi honor sin motivo ni recelo,
os daré a cambio algo más preciado
para vos que el haberme deshonrado.
     Hay una hierba que al pasar he visto
y que puede encontrarse  fácilmente,
que cocida con hiedra y ruda al fuego
con leña de ciprés y machacada
por inocente mano, suelta un jugo.
Quien tres veces con él se moja el cuerpo,
de tal manera el luego lo endurece,
que del hierro y del fuego lo protege.

                  

      Prometió reprimir su violencia
y esforzarse en no hacerle ningún daño
hasta no comprobar si eran reales
 las virtudes del agua milagrosa.
Pero no piensa mantener el pacto,
 pues ni a Dios ni a los santos reverencia,
y Rodomonte en falsedad supera
a toda la mendaz África entera.

   Mientras Isabela prepara la poción, Rodomonte espera bebiendo vino en abundancia. En este mundo de caballeros andantes la magia es una cosa de lo más habitual, pero Ariosto reconoce que el bárbaro Rodomonte, sobrio, quizá no hubiera caído en el engaño.

    -Quiero ser la primera que se tome
este óptimo licor de virtud lleno,
por si habíais pensado que mi pócima
escondía un mortífero veneno.
Con él me mojaré completamente
la cabeza y el cuello y todo el pecho;
después con fuerza clávame tu espada:
Verás si es eficaz, o si ésta taja.
      Se untó y alegre puso su desnudo
cuello delante del pagano incauto,
incauto y derrotado por el vino,
contra el que no hay broquel ni arnés que valga.
La creyó, en fin, el bruto sarraceno
y descargó con fuerza su estocada:
la cabeza, de Amor morada antaño,
se separó del cuerpo mutilado.
.......
      Quedó en tierra, burlado y ofendido,
aquel nuevo Breusse tan despiadado,
y cuando digirió el montón de vino,
lloró su error y se quedó mohíno.


    Esta variante, la más antigua, es la más original, aunque sólo sea porque la protagoniza una mujer . No sé si Ariosto se basó en alguna historia previa. No sería raro. 
   En todos los casos se dan siempre las mismas constantes: preferir la muerte a la tortura (aunque en el Furioso parece pesar más el miedo a la deshonra); la pócima hecha con hierbas, y, sobre todo, la vergüenza que siente el que se sabe burlado por ser un ingenuo que se cree lo de la magia. Este sentimiento hace que el asesinado, pero no torturado, obtenga una póstuma victoria pírrica .



Una curiosa variación, mucho menos trágica, sobre este tema de engañar al verdugo la podemos encontrar en el mismísimo Lope de Vega, en su obra “Arauco domado” (1625), en que trata de la actuación de García Hurtado de Mendoza en la guerra contra los araucanos en el Chile de la década de 1550. Aquí el personaje del “gracioso”, el español Rebolledo, cae en manos de los araucanos Tucapel, Gualeva y Puquelco, que le amenazan con cocinarlo y comérselo. En este caso no se trata de que lo maten sin hacerlo sufrir. Rebolledo, astuto, logra que no lo maten amenazando con que si se lo comen él los matará a ellos:

    REBOLLEDO

Hoy tengo de perecer.

    TUCAPEL

Algo me parece seco;

mas, mientras voy a la junta

que hace Caupolicán,

Puquelco, al pecho le apunta.

    PUQUELCO

¿Qué parte dél asarán?

    TUCAPEL

Graciosa está la pregunta.

Ásale entero, que quiero

comérmele todo entero

de rabia de don Filipe,

y Gualeva participe

si aquí me espera.

    GUALEVA

Aquí espero,

    (Vase TUCAPEL.)

    REBOLLEDO

Acabose; hoy imitamos

al bendito San Lorenzo.

 

……

 

    REBOLLEDO

¡Bravo aprieto!

¡Pero si valgo difunto

más que vivo! Porque efeto

no sirvo al Rey, que es razón

a mi patria y mi nación.

    GUALEVA

¿Muerto los puedes servir

más que vivo?

    REBOLLEDO

Si a morir

me faltaba el corazón,

ya le tengo por vengarme

en mataros. ¡Ea, llegad!

¡Llegad! ¡Empezad a asarme!

¡Encended fuego! ¡Acabad!

¿Qué os detenéis en matarme?

    GUALEVA

Pues, ¿muerto nos darás muerte?

¿No me dirás de qué suerte?

    REBOLLEDO

Tengo cierta enfermedad

de tan mala calidad

que por mis venas se vierte

a manera de veneno,

y si algún ave en España

o animal della está lleno,

tanto al que le come daña

que muere de seso ajeno.

Asadme, porque dé muerte

a Tucapel desta suerte

y sirva a mi General

en quitaros hombre igual,

tan atrevido y tan fuerte.

   PUQUELCO

¡Mira lo que haces, señora!

    GUALEVA

¿Qué nombre ha puesto la Fama

a esa enfermedad traidora?

    REBOLLEDO

‘Escapatoria’ se llama.

   GUALEVA

Ahora bien, dejalde agora.

    REBOLLEDO

¿Cómo dejar? ¡Eso no,

vive Dios, que me han de asar!

    GUALEVA

¿No es mejor vivir, si yo

la vida te quiero dar?

    REBOLLEDO

Quien desdichado nació,

¿en qué acertará a servir

a su Rey y a su nación?

¡Oh, qué mal hice en decir

mi enfermedad!

    GUALEVA

La traición

aún no la supo encubrir.

¡Traedle preso!

    REBOLLEDO

¡Oh, qué gloria

me quitáis!