martes, 4 de junio de 2013

POSIBLES INFLUENCIAS DE GASTON LEROUX EN LAS AVENTURAS DE TINTÍN


A propósito de las posibles influencias del escritor Gaston Leroux en algunas de las aventuras deTintín.

Gaston Leroux  fue un prolífico autor de novelas de aventuras y misterio que alcanzó un enorme éxito en su momento. Nació en 1868 y murió en 1927. En buena medida se le puede considerar un “folletinista”, pero “trasciende esa clasificación dotando a sus novelas de un ritmo precipitado y misterioso que no se conocía en su época. Lo que le distingue respecto a otros escritores del mismo género es que sobrepujaba lo criminal e iba más allá de lo detectivesco, volando en los cielos literarios de lo fantástico.” ( Esto es lo que pone en la solapa de la edición de “La esposa del Sol” en la entrañable Colección Austral .)
Entre sus numerosas obras ha tenido especial fortuna “El fantasma de la Ópera”, de 1910, todo un icono de la cultura popular gracias a que ha sido adaptada al cine varias veces y, todavía hoy, está en los escenarios de medio mundo en su adaptación al teatro musical.
 Es también muy conocida la primera aventura del joven reportero Rouletabille,  “´El misterio del cuarto amarillo”,  de 1907, una de las más acabadas y tempranas aportaciones al hoy clásico planteamiento de “misterio del cuarto cerrado”, y a la que siguieron otras ocho aventuras de este personaje hasta 1922.
Algunas de sus otras novelas siguen editándose hoy día. Es fácil encontrar en castellano el díptico “La muñeca sangrienta” y “La máquina de asesinar”, novelas de misterio y terror con algo de fantasía y ciencia ficción.
Voy a centrarme en una de sus novelas, ""La esposa del Sol", de 1912, que ya desde el título nos recuerda a la aventura de Tintín "El templo del Sol".
Es indudable que a lo largo de los años treinta sus novelas siguieron siendo leídas, y no me parece aventurado suponer que Hergé, nacido en 1907, las conocería. De hecho, leídos ambos libros, creo que es muy difícil pensar que entre ellos no hay ninguna relación.  A mí me resulta casi inevitable pensar que Hergé tuvo muy presente la novela al escribir esa aventura de Tintin.

Los argumentos son muy parecidos:

En el Perú  del siglo XX sigue existiendo en secreto el reino de los Incas y  el culto a su religión. Los indígenas quechuas, de manera clandestina y casi subversiva, se obstinan en mantener su religión y su organización ancestral, enfrentándose a los europeos que pretenden investigarlos o “civilizarlos”.   Uno de los protagonistas es designado mediante una pulsera inca para ser “ofrecido” al Sol. (Tornasol en Tintín, Maria Teresa en G.L.) En ambos libros los que llevan la pulsera son raptados por los incas clandestinos. Los demás protagonistas occidentales emprenden la expedición de rescate. Hay una persecución por la sierra  guiados por un indígena, porque la ciudad donde residen los Incas es una ciudad secreta de muy difícil acceso. Tienen que recorrer las montañas, atravesar zonas nevadas y después un pantano, y para entrar en el templo recorren  una cueva-catacumba en la que aparecen momias de los antiguas Incas. Los sacrificios al dios Sol se hacen quemando a unas personas sobre unas piras que el propio sol enciende mediante una lupa.  Por el camino aparece el típico general revolucionario, García que está en guerra civil con otro general, Veintemilla. (Este aspecto de la novela de Leroux , sin embargo,  se parece más al ambiente de “La oreja Rota”, donde Tintín conoce al coronel Alcázar, en permanente estado de guerra con el coronel Tapioca,  que aparece fugazmente en “El templo del Sol”. ) Al final los “buenos” rescatan a quien había sido raptado por los incas.

Hasta aquí los paralelismo en el desarrollo de la trama, que me parecen más que evidentes.

Pero también hay diferencias: mientras en Leroux el Inca es derrotado y acaba siendo obligado a trabajar en un banco y a asimilarse a la cultura occidental renunciando a su sueño de reinstaurar el imperio de sus ancestros,  Tintín se despide siendo amigo de los incas  y prometiéndoles guardar el secreto de su ciudad y sus tesoros míticos, que alcanza a ver personalmente.  Esta diferencia de enfoque del final ejemplifica la diferencia crucial entre  hay entre Hergé y Leouux: el tratamiento que se da a los indígenas.
En G. Leroux llama la atención el desprecio y la desconfianza con que se los trata por parte de los europeos. La protagonista, Teresa, es medio francesa, medio española, y dirige la empresa de extracción de guano de su padre, ensoñador descendiente de los conquistadores españoles. Es su lado francés, obviamente, el que la permite ser una empresaria pragmática, europea de verdad y eficaz, que está encantada con los trabajadores chinos emigrantes que empiezan a quitar el trabajo a los indios nativos. En una discusión con el orgulloso capataz indio Huascar se expresa en estos términos:

- “Tus indios están siempre de fiesta. Perezosos y borrachos, sólo los soportaba porque eran tus amigos; pero ahora que me matan mis más útiles servidores, ¿qué quieres que haga?
-¡Los repugnantes hijos de Occidente (los chinos) no son tus servidores! ¡No te aman!
-Trabajan.
-Por una miseria… No tienen dignidad… ¡Son hijos de perros!
-Me sirven bien, y a los tuyos sólo les doy trabajo por compasión.”
                                               ….
- Su gente es inaguantable. ¡Ah, esos indios, qué calamidad! ¡Un orgullo! Y no sirven para nada; de hoy en adelante sólo daré trabajo a los chinos.
                                             ……
-Desde que no está sujeto a la inflexible disciplina de los hijos del Sol, el indio no se ha aprovechado de su libertad sino para entregarse a la pereza. De ahí su miseria y una esclavitud material que le hacen recordar la prosperidad de otros tiempos y clamar solapadamente por el restablecimiento del imperio de los descendientes de Manco Capac.”
                                              …..
“Sin embargo, Natividad (es el jefe de policía)  tenía su pesadilla: los indios. Aborrecía a los quichuas, a los que consideraba hipócritas, haraganes, viciosos y capaces de cometer las mayores infamias…”

Gaston Leroux en realidad sólo comparte y abunda en los extendidos prejuicios raciales que dominaban la sociedad del cambio de siglo y que se refleja en la literatura popular de la época. Pasajes parecidos, de un racismo euro-céntrico y sobre todo anglosajón indiscutido, los podemos encontrar hasta en autores tan respetables como Jack London ( en  “La invasión sin paralelo” de 1910, propone, simple y llanamente, la aniquilación de todos los chinos mediante guerra química) o Conan Doyle (en “La zona ponzoñosa”, una de las aventuras del profesor Challenger, habla directamente de “razas retrasadas” como los negros, los aborígenes australianos, los indios y persas; en Europa, los españoles y portugueses ….)



En Tintín se recoge algo de esa desconfianza de las autoridades hacia los indígenas, aunque no por parte de Tintín.











La actitud de Hergé es la contraria. Tintín enseguida sale en defensa de un niño indio al que unos occidentales  están maltratando. Como siempre en su obra, muestra una simpatía y comprensión hacia los oprimidos y los marginados encomiable.





















 Es posible que en sus muy primerizas aventuras, las más ingenuas, como “Tintín en el Congo”, se mostrase desagradablemente condescendiente con los indígenas, pero su actitud era, más bien, de paternalismo bien intencionado. Nunca de desprecio.



La otra gran diferencia entre ambos es, cómo no, la clásica ausencia de personajes femeninos en Tintín. En la novela de Leroux el motor de la acción es el apasionado romance entre Teresa y Raimundo. Teresa es raptada y Raimundo, claro, se lanza a rescatarla.  En Tintín raptan al profesor Tornasol.

Tampoco pretendo decir que Hergé plagiara el libro de Leroux de "pe a pa", pero sí que para el plan general de la trama y para algunos momentos concretos lo debió tener en cuenta, lo cual tampoco dice nada malo de Hergé.

A continuación ofrezco una comparativa en paralelo entre algunos pasajes de la novela y algunas viñetas de Tintín, sin pretender ser exhaustivo.

LA PULSERA

“Pocos días antes de su desaparición en los subterráneos de Cuzco, María Cristina había recibido un  extraño regalo, una maciza y antigua pulsera de oro con un disco en el centro que representa el Sol……Era la verdadera pulsera del Sol de oro, la pulsera del sacrificio… la que desde la muerte del último rey inca, Atahualpa, quemado vivo por Pizarro, envían cada diez años incas  a aquella q quien eligen para esposa  del Sol.
( Hay que decir que Athualpa no fue quemado. Le aplicaron el  garrote, es  decir , lo estrangularon. No mejora mucho la cosa, pero es lo cierto.)


















EL TUNEL EN LA MONTAÑA
“Aquel corredor había sido abierto en la roca y desembocaba en unas salitas cuadradas en donde debían de hallarse los sepulcros de los sacerdotes y de los altos dignatarios, como se ve en las pirámides y en lo hipogeos de Egipto. En la última de estas salas, Orellana apagó su antorcha y se arrodilló. Era imposible, en efecto, caminar de pie, por el angosto pasadizo por el que se deslizó, seguido de Raimundo….Los ojos del joven iban habituándose a las tinieblas ya menos opacas. ¿De dónde procedía aquella débil claridad difusa gracias a la cual entreveía formas, ángulos, columnas? “



LA PIRA .

Así lo describe Leroux.
“….los tres guardianes del Templo, a los tres gnomos de cráneos deformados, que sostenían en sus manos inmóviles un espejo de metal, haciendo converger sus rayos a un montoncito de algodón colocado en el dentro de la plataforma de resina. ¡De este modo atraían la buena voluntad del dios para prender fuego a la pira!




Pero lo peor que podía sucederles era que el dios no las quisiera para sí. Si no las quería, no tenía más que ocultarse el rostro con una nube y la pira no ardía.”











Hergé lo resuelve con el viejo truco del eclipse oportunamente anunciado.









EL TESORO SECRETO DE LOS INCAS
Al final del libro se habla de la viuda del rey Inca que acabó de banquero.
“Un día en que algunas personas se burlaban de la modestia con que vivía la viuda del rey, a la que por mofa llamaban la “Coya”, esta contó que si ella y su marido hubiesen querido, hubieran sido los esposos más ricos de la tierra, pero los tesoros de los incas, según dijo, pertenecen “a los muertos y a los dioses”, y estaba prohibido tocarlos. Entonces le preguntaron si ella había visto aquellos tesoros. La viuda contestó que su marido se los había enseñado, y contó infinidad de historias fantásticas a propósito del Templo de la Muerte, que nadie creyó, como es natural.”



Hasta aquí los parecidos más evidentes y que afectan a la propia trama de la historia, e incluso al orden en que se suceden los acontecimientos. Hay otros muchos detalles coincidentes que seguramente se deben a la documentación preparatoria que  ambos autores consultaran.

Sólo haré un par de consideraciones más sobre este escritor y alguna otra aventura de Tintín.



EL ARIA DE LAS JOYAS

Quizá no signifique nada, pero me pareció curioso que en “El Fantasma de la Ópera” Leroux utilice la representación de “Fausto” de Gounod para ambientar uno de los momentos cruciales de la acción. Y justo cuando  “la Carlotta” acaba de cantar el aria de las joyas...


“Un estruendoso aplauso… La Carlotta hacía su entrada. El acto del jardín se desarrollaba con sus habituales peripecias. Cuando Margarita terminó de cantar el Aria del Rey de Thule fue aclamada. También lo fue cuando terminó la canción de las joyas:
                     ¡Ah! Río de verme
                       tan bella en este espejo….
Entonces, segura de sí misma, segura de sus amigos que estaban en la sala, segura de su voz y de su éxito, la Carlotta se entregó por entero, con ardor, con entusiasmo,   con locura.”

















EL JOVEN REPORTERO ROULETABILLE.

 “El misterio del cuarto amarillo”(1910)
Posiblemente estoy buscando tres pies al gato,  pero cuando leí esta novela de Gaston Leroux no pude evitar reminiscencias de “las joyas de la Castafiore”. El propio protagonista de la novela, Rouletabille, es un joven reportero adolescente (al que se describe con una cabeza redonda como una bola, aunque no creo que este detalle sea más que casual),  que vivirá toda una serie de aventuras en escenarios exóticos.
 En este caso investiga  en un caserón aislado en el campo, con un gran jardín rodeado de una tapia, donde viven una serie de personajes entre los que se halla un científico que investiga allí. No es que “las joyas …” responda al modelo de “misterio del cuarto cerrado”, pero la ambientación sí que parece similar.
 Y de todos modos Hergé ya había hecho su aportación al tema del “misterio del cuarto cerrado” en  “El cetro de Ottokar”,  cuando Tintín descubre el ingenioso método usado para sacar el cetro de una habitación cerrada, vigilada y con rejas en las ventanas.





domingo, 28 de abril de 2013

Una humilde propuesta para acabar, felizmente, con algunas (una) discusiones en los bares.


Hay que empezar a terminar con esas absurdas preocupaciones que traen por la calle de la amargura a tanto deportista español. La primera, la letra del himno nacional.  Siempre lo hemos enfocado mal. Mel Brooks ya demostró que el problema de los himnos nacionales es, precisamente, que se cantan, que tienen letra. Nos lo recordaban en "los Simpsons".

 http://www.youtube.com/watch?v=qVoyDXpz20Y

 Y el problema  del español no es que no se pueda cantar, es que no se puede bailar. Pero esto se puede solucionar fácilmente y sin herir susceptibilidades. ¡Que cada cual lo baile al estilo de su pueblo!
Aquí se demuestra cómo.

lunes, 25 de marzo de 2013

UN PRECURSOR DE LA HISTORIETA EN EL VIRREINATO DEL PERÚ: FELIPE GUAMAN POMA DE AYALA.


UN PRECURSOR DE LA HISTORIETA EN EL VIRREINATO DEL PERÚ: FELIPE GUAMAN POMA DE AYALA.

      Los aficionados a los tebeos sabemos bien que a lo largo de los siglos XVIII y, más aún, XIX se pueden encontrar numerosos autores cuya obra que se pueden considerar, de un modo u otro, protocómic.  A nadie le son desconocidos los nombres de Wilhelm Busch, RodolpheToppfer, William Hogarth o James Gillray. 
     Sin embargo es menos conocida, en este aspecto, la “Nueva Crónica y Buen Gobierno”, obra  escrita y dibujada por Felipe Guaman Poma de Ayala entre 1610 y 1615.
Entre los historiadores “en general” es bien conocida como una de las crónicas de indias más interesantes por cuanto está compuesta por un inca puro, descendiente de nobles incas, pero educado entre españoles, que hablaba español, quechua y latín, y que da una visión de la conquista española desde un punto de vista muy poco usual en la época. Además, buena parte de su popularidad actual se debe a los numerosísimos dibujos con que acompañó su texto, en los que incluyó frases en quechua.
Poma de Ayala.


        Es a estas ilustraciones a las que los historiadores “ del cómic” no han prestado, en mi opinión, suficiente atención. En cuanto se ojea el libro queda claro que Poma de Ayala no consideraba que las ilustraciones fueran simplemente una decoración para el texto.
Una sociedad compleja, muy jerarquizada y con una poderosa y eficaz burocracia como era el imperio del Inca, el Tahuantinsuyu, había desarrollado unos métodos de registro de la información muy distintos de los europeos. Utilizaban un complicado sistema de pictogramas que según se  combinasen variaban su significado.
      En esta página explican cómo funcionaba.

        La familia de Poma de Ayala pertenecía a esa casta noble/burócrata  especializada en “escribir”  esos registros. Por lo tanto  Poma de Ayala conocería bien ese sistema pictográfico de escritura y entendería que la imagen es un sistema de comunicación tan eficaz como la escritura europea, que también conocía.  Combinar texto e imagen para crear una indisociable unidad significante tuvo que ser para él algo natural.  Y entiéndanme: afirmar que Guaman Poma de Ayala es un precursor del cómic es mucho afirmar.  Será más prudente decir que inventó recursos gráficos para sus ilustraciones que, siglos después, se han convertido en habituales en los tebeos.
         No pretendo crear una nueva definición de lo que es el cómic, pero creo que sí podemos establecer que uno de sus logros fundamentales es haber desarrollado un lenguaje gráfico que integra en una imagen fija la representación “analógica” de lo visible  y, además, dos cosas invisibles: el tiempo y el sonido.
      La representación gráfica del sonido, de la que al parecer carecía su lengua natal, el quechua, se la proporciona el sistema de escritura europeo, la escritura fonética. Este sistema fonético lo aplica a la hora de escribir (o transcribir) el quechua.  Lo que resulta novedoso es que lo hace  con toda naturalidad, sin recurrir a las alambicadas filacterias, que era el recurso clásico en la pintura de los siglos anteriores para dar visibilidad  las palabras pronunciadas por un personaje de la imagen.

Pedro Berruguete, Anunciación, 1485.

       Y llega hasta incluir diálogos entre varios personajes, cosa realmente novedosa en ese momento, y que implica que ha logrado comprimir un lapso de tiempo en una imagen fija. Si en una imagen están representados un personaje que habla y otro que responde, estamos ante dos momentos temporales no simultáneos en una única imagen. Estamos ante un relato, no ante una ilustración. Esto es narración gráfica.





      Es verdad que representar en un cuadro distintos momentos de una acción tampoco era nuevo.  Como no lo era ilustrar una historia con una sucesión de imágenes que ilustren distintos momentos de la acción.
    Pero no me negaréis que todo lo dicho, añadido a un estilo de dibujo muy gráfico, de blanco y negro sin grises, y tan fuertemente expresivo en lo referente a los gestos y actitudes de los personajes, hacen de estas ilustraciones auténticas viñetas de una historieta.





     Yo he manejado fundamentalmente la edición en tres tomos de “Historia 16”, Madrid, 1987. Lamentablemente me falta uno de los tomos, así que lo demás lo busqué en Internet, como es costumbre. El manuscrito original está dirigido al rey Felipe III  de España, pero, a saber por qué, ahora lo conserva la Biblioteca Real de Dinamarca, en Copenhague. En este enlace podéis ver el libro completo.


  

lunes, 18 de marzo de 2013

GUSTAVE DORÉ EN LOS TEBEOS



Gustave Doré, pintor y, sobre todo grabador-ilustrador de libros, no ha tenido suerte en la Historia del Arte. (Aunque en 2006 , más o menos, le dedicaron un par de exposiciones en Bilbao y Salamanca que le reivindicaban).  Pese a que sus ilustraciones para “El Quijote”  ( la imagen que él fijó en sus grabados  es, en buena medida, la que todos tenemos de Don Quijote), para la “La Biblia”, La Divina Comedia” y tantos otros libros son, de lejos, las más populares y las más reproducidas, la consideración de los historiadores es, con suerte, condescendiente. Cuando no, directamente  despreciativa. Sin salir del ámbito de los tebeos, Schuiten y Peeters, en las últimas páginas de “El archivista”, incluyen su retrato entre los allegados del protagonista, pero, eso sí, calificándolo de “deplorable”  en el texto. 




 Quizá lo más indulgente que se puede leer es lo que escribe Valeriano Bozal en “El siglo de los caricaturistas” (volumen nº 40 de la Historia del Arte de historia 16, 1989):

Doré es, ante todo, un ilustrador romántico. En este punto, una paradoja: las imágenes románticas que crea están basadas en recursos que la pintura ha desarrollado ya hace tiempo, en especial Delacroix y sus seguidores, y que ahora el ilustrador convierte en fórmulas; sin embargo, a pesar de ello, las fórmulas rinden aquí plásticamente lo que en una pintura no estarían dispuestas a rendir. Su ilustración de la Divina Comedia o de la Biblia es buena prueba de ello. Todas las imágenes de la obra de Dante poseen un referente anterior: Doré recuerda ante todo a Flaxman, a Füssli y a Blake, en ocasiones de una manera explícita y sin recato, tal como sucede con El gigante Anteo, Caronte, etc., de Interno. Hasta cierto punto cabe decir que Doré hace populares y divulga modelos iconográficos que pertenecen a la alta cultura. A la vez, articula diversos modelos iconográficos en un solo motivo y los dota de un denominador común: ese sentido enfático de lo sublime sombrío y luminoso. Mejor que ningún otro ilustrador del momento, Doré conecta con el sentir popular y hace explícito lo que en las pinturas de Flaxman o de Blake podía resultar hermético.
Al proceder de esta manera, anula muchas de las diferencias estilísticas, tan marcadas en los pintores —pienso ahora en Flaxman y Füssli— y pone de relieve su proximidad más allá de la diferencia: el sentido romántico de formas que se reclaman del neoclasicismo, el sentido clasicista de tantos motivos románticos. Para el historiador del arte, la de Doré es una mirada hasta cierto punto ejemplar.
En ocasiones nos da la sensación de que Doré es todo lo contrario de lo que pensamos adecuado para un artista original: no es contenido, no es hermético, no es profundo, no oculta sus recursos, los exhibe, es excesivo, elemental, superficial... En muchas ocasiones, desde el punto de vista de la alta cultura, sus imágenes son un claro testimonio de mal gusto, de efectos truculentos, de sentimentalismo y entrega al espectador (que encuentra lo que anda buscando, y lo encuentra en grandes dosis).
¿Cuál es entonces su secreto, si es que tiene alguno? No me atrevo a ser taxativo en este punto, sólo insinúo que Doré logra captar los elementos dispersos del imaginario colectivo y hacer con ellos sus imágenes. De la misma manera que todos conocemos el contenido de la Divina Comedia, la hayamos leído o no, y, sin embargo, continúa afectándonos, continúa siendo imperecedera, en parecido sentido conocemos todos las imágenes de Doré, a sus protagonistas, sus efectos de luz, su enfatismo, y, sin embargo, continuamos viéndolas y disfrutando con ellas. Si el goce de leer a Dante es similar al que encontramos contemplando a Velázquez o a Rembrandt, el placer de rememorar, no de leer, su obra es semejante al que nos alcanza cuando ojeamos las ilustraciones de Doré: el placer puro y simple del reconocimiento.

No insistiré en este punto —que puede ser ampliamente debatido y discutido—, pero sí sobre otro aspecto hasta ahora no desarrollado. El Doré enfático y retórico desaparece en sus crónicas de Londres, se transforma en El cuervo o en la Oda del viejo marinero, de Coleridge, que ilustra en 1871-74.
Quizá sea en la Oda del viejo marinero donde todos estos elementos, unos y otros, se reúnen y encuentran una formulación definitiva. La minuciosidad con la que están representados los motivos, las personas, el barco, los elementos naturales, su naturalismo (si quiere hablarse así), contrasta con la composición de las imágenes: el punto de vista, un recurso al que Goya prestó toda su atención cuando realizó los Disparates, permite disponer unos elementos en contraste con otros, unos motivos en el poder de otros, las velas, al marinero, al barco, en la inmensidad del mar y del firmamento, en el movimiento del viento, de las gaviotas... La oda se convierte en una epopeya romántica, el hombre es en la naturaleza, no me atrevo a decir que contra ella, quizá en su mera supervivencia.
De nuevo esa dualidad que es rasgo de Doré: la utilización de fórmulas conocidas en una articulación original que permite reunirlas en una imagen donde podemos reconocernos. Siempre planea la pregunta: ¿cómo puede ser artístico este cliché romántico?


Una vez más estamos ante el eterno debate: alta cultura contra  cultura popular. El arte contra artesanía. Un artesano de la ilustración logra el éxito popular usando recursos tomados del GRAN ARTE, y esto supone una cierta degradación del Arte elevado.
El tebeo como medio de expresión siempre se ha visto menospreciado por estos mismos motivos: o era el cine de los pobres, o se consideraba un paso transitorio en el aprendizaje de la lectura que, obviamente, había que abandonar pronto para leer LITERATURA.   Dejo al margen que en los últimos años parece que este prejuicio está retrocediendo. Aún así, el tebeo es cultura popular y supongo que es lógico que sus aficionados y sus creadores tengan un fuerte sustrato cultural  cultivado en el consumo de esos productos. Es casi  inevitable que, a cualquier chaval de 13 o 14 año al que le guste dibujar, le impresionen más, mucho más las ilustraciones de Doré que se pueda encontrar en  un libro sobre las cruzadas que el catálogo de una exposición de Cy Twombly.   Y, cuidado, Twombly es un pintor extraordinario, pero, esto, uno no lo aprecia con 14 años.
Desde hace ya unas cuantas décadas la Postmodernidad y el Pop han ido cambiando la forma en que miramos las expresiones del arte  popular. Y a estas alturas toda una generación de críticos de arte, o de cine, guionistas televisión, periodistas, novelistas , creadores, en suma, de ALTA CULTURA,  han crecido consumiendo este cultura popular y no han tenido que  avergonzarse. O muy poco, al menos.


Por todo esto, quizá, se puede rastrear la influencia de Gustave Doré, de un modo u otro en bastantes autores de cómics y tebeos modernos.  No hay que olvidar que el propio Doré figura siempre como unos de los precursores del tebeo con sus obrasLes travaux d’ Hercule”,1847 y “ Histoire pittoresque de la sainte Russie”,1854.


Histoire de la Sainte Russie.



Hay bastantes ejemplos de autores de cómic perfectamente reconocidos que, en momentos muy concretos o en obras concretas, evidencian la influencia de Doré.

El primer caso es muy puntual, pero significativo: una viñeta espectacular de "El Príncipe Valiente" de Harold Foster.  El parecido es evidente. La composición de la escena es lo bastante similar como para que sea posible que conociese el grabado de Doré.Máxime porque procede de uno de los libros más populares de Doré, "El Quijote", que es difícil pensar que Foster no conociera.
Ilustración de "El Qijote"

     Reconozco que el ejemplo de Buscema y Alfredo Alcalá seguramente está más traído por los pelos.  En realidad cualquiera que se plantee llegar a dibujar tebeos sabe que, tarde o temprano,  tendrá que vérselas con un ejército de esqueletos saliendo de sus tumbas.  Es casi inevitable. Y, dada la particular manera de entintar que tenía Alcalá, con ese alarde de  rayitas  y ese modo  de tratar la luz, que llegase a conclusiones paralelas a las de la xilografía era natural. En cierto modo los entintados de Alcalá tienen las virtudes y los defectos del propio Doré. El aspecto a grabado de otra época, el virtuosismo técnico, la retórica visual que recargaba sus trabajos eran la clave de su éxito.
Doré "la Biblia"


Buscema y Alcala : "los fantasmas del castillo carmesí"



     Bernie Wrightson  es otro caso de dibujante virtuoso de la técnica de la rayitas. Siempre fue un ilustrador barroco y muy enfático. Él mismo ha sido inspirador de una cierta cantidad de dibujantes que han utilizado sus recursos gráficos. De hecho aquí también traigo un autor, Andreas,  cuya posible conexión con Doré es, seguramente, a través de Wrightson.) Cuando Wrigtson se plantea ilustrar “Frankenstein” de Mary Shelley ya está entrando en el terreno de Doré. Ilustrar un libro del siglo XIX como si estuviéramos en el XIX. El planteamiento de Bernie es deliberadamente arcaizante. Es obvio que pretende remedar lo que hubieran sido unas ilustraciones para ese libro hechas en esa época, cosa que además casa estupendamente con su propio estilo de dibujo. En todas las ilustraciones ambientadas en el barco y en los hielos del polo en imposible no ver “La balada del viejo marino” de Coleridge según Doré. En algunos casos de forma muy explícita.




Wrightson "Frankenstein"
Doré  "La Balada del Viejo Marino"
Doré -"La Balada ..."

Andreas  "Cromwell Stone"



Tardi es, seguramente, uno de los autores que más conscientemente recurre y reutiliza un fondo de cultura popular tanto en el aspecto argumental   (como en “ Las aventuras de Adele Blanc Sec”, que tanto deben a las novelas de folletín decimonónico de intriga francés, o el mismo Julio Verne, en “El demonio de los hielos”) como en el aspecto gráfico.
Aquí traigo a colación la influencia indudable del Doré de “La balada  del  viejo marino” en “El demonio de los hielos”.














martes, 3 de febrero de 2009

RED DUST FRENTE A BLUEBERRY




RED DUST FRENTE A BLUEBERRY.
Convergencias y divergencias entre dos “oestes” paralelos.

“COMANCHE”, con guión de Greg y dibujos de Hermann.
“EL TENIENTE BLUEBERRY”, con guión de Charlier y dibujos de Giraud.

Resulta curioso constatar como dos series de historieta del oeste, contemporáneas, paralelas en muchos aspectos, y que, de hecho, fueron competencia directa la una de la otra en el mercado francófono, presentan, analizándolas un poco, diferencias irreconciliables en su modo de tratar la misma temática.  

"Comanche", que protagoniza Red Dust, es un western crepuscular, taciturno, reflexivo, escéptico, triste y naturalista.

"El Teniente Blueberry"
es irracionalmente alegre, frenético, higiénicamente vital.


Así podremos establecer como premisa inicial de estas reflexiones la que será su conclusión:
Red Dust como héroe lunar frente a Blueberry como héroe solar.
Ideas que vamos a desarrollar
1- Greg, guionista de “Comanche” = Goscinny (Asterix) + Charlier (Blueberry). Greg como figura señera del tebeo europeo: Humor + aventuras. Luc Orient, Yugurta, Bernard Prince, Spirou, Achiles Talon...
2- Orígenes editoriales paralelos: Comanche surge como respuesta a Blueb. Cada uno recurre inicialmente a unos arquetipos distintos: Blueb, el oeste militar de John ford; Comanche, el de los pistoleros y los ranchos de Leone o tipo “Shane” ( Raíces Profundas).
3- El tratamiento gráfico de los dos es igualmente minucioso en la recreación de los ambientes históricos y cuida al detalle los uniformes, las armas, los carros, los animales, los trenes... y, muy importante, los paisajes. .
4- Paralelismos biográficos de los personajes: la cárcel, han sido sherifes, amigos de los indios, el ferrocarril, sin pasado (ambos lo tienen pero en ambos casos nos lo cuentan con una serie de historietas cortas que narran episodios anteriores a los que cuenta la serie central). Los secundarios: Mac Clure=Ten Gallons; los caza recompensas= el predicador; el carácter crepuscular de los dos, especialmente RD.
5- La tesis central: el héroe melancólico frente al héroe alegre. El drama frente a la peripecia. El héroe frágil frente al héroe irrompible. ( Siempre refiriéndonos, claro, al Blueb de Charlier. En los episodios que ahora mismo escribe Gir, el viejo tarambana de Blueb se dedica por primera vez a regodearse en sus recuerdos de juventud, que contrastan violentamente con su presente. ¡Mike S. Blueberry se nos pone nostálgico!)

La nocturnidad en Comanche
Muchos de los momentos más dramáticos e intensos de las aventuras de RD suceden durante el ocaso o la noche, que el talento de Hermann retrata magistralmente: Toby y Clem colgados por las muñecas en el campamento de los Cheyenes en “La revuelta del hambre”; el ataque de los Dobbs a la cabaña y la muerte del Predicador en “Los lobos de Wyoming”, que ocupan diecisiete páginas; las tremendas diez últimas páginas de “Cielo sangriento...”; el final de “Desierto sin luz”, episodio que transcurre casi entero entre
"Cielo sangriento sobre Laramie"
noches y penumbras de nublado; la noche previa al duelo en “El dedo del diablo”, cuando se descubre la identidad del granjero Duncan; veintiséis páginas de “Los sheriffs”, que son más de la mitad del episodio... Y esto sin contar otros momentos más cortos.

El paisaje

La ubicación de las aventuras de estos dos personajes es bien distinta. "Comanche" está ambientada en los estados de Colorado y Wyoming. Blueberry, en buena parte, en la frontera con Méjico. Esto hace que Blueberry sea, fundamentalmente, el desierto, el calor, la luz, el espacio, la sed... Comanche es un western de bosques, montañas, niebla, frío... No es que sea así al cien por cien, pero la sensación que a uno le queda es esa. De igual modo que Comanche es mucho más urbano que Blueberry. Pero es que, desde el principio, las aventuras de Red Dust tienen un centro espacial: el rancho Triple Seis de Comanche, la chica, y el pueblo que está al lado, Greenstone Falls. Blueberry nunca tendrá nada parecido. Va y viene por el ancho mundo sin que persona o lugar alguno lo reclamen.
Blueberry


Podría decirse que la diferencia de talante entre B y RD nos la explica su muy distinta manera de calibrar las posibilidades de éxito de los planes que hacen. La diferencia entre el “es un plan tan loco que puede funcionar” de Blueb y los precisos cálculos de probabilidades que suele hacer RD, establece la diferencia entre el entusiasmo nihilista con que, en Blueb, buenos y malos se enfrentan a todo y “la acción meditada” que hay en Comanche. En “Blueberry” sólo se piensa para actuar, mientras que en “Comanche” también piensan si se debe actuar. Dust suelta algún soliloquio metafísico, como el de la plancha 42 de “Cielo sangriento...”, en el que se interroga sobre lo que hace, y que resulta inimaginable en mente (o en boca) de Blueberry. Claro que RD también escucha alguna perorata sobre el deber y la moral como la que le propina "el Predicador" agonizante al final de “Los lobos de Wyoming”, por no hablar de la afición de Greg a terminar las aventuras con algún sermón- epifonema de tono solemne en la última viñeta, con los que pretendía, seguramente, que las aventurillas que contaba trascendieran el simple entretenimiento, y que producen la sensación de estar leyendo un tebeo un tanto moralista.

Toda la serie de “Comanche” emana un aire de melancolía ( e incluso pesimismo) que está en las antípodas del talante de otras obras de Greg: “Bernard Pince”, serie estupenda que Hermann y Greg simultaneaban con Comanche, resulta, por comparación, un tebeo de acción mucho más convencional y, desde luego, sin la carga de tristeza que recorre “Comanche”, aunque también experimente una evolución en el tono desde un ingenuísmo juvenil en sus principios hacia una aventura más dramática y más comprometida.
En toda la serie Red Dust será un sujeto hosco y taciturno, en las antípodas del tarambana dicharachero y jovial que es Blueberry, aunque éste sea militar profesional y se le suponga sujeto a una disciplina y unas normas de conducta más estrictas. Red Dust pocas veces sonríe y jamás ríe abiertamente, nunca juega a las cartas, no bebe, y no se le conoce relación con mujer alguna, salvo la que mantiene con Comanche (la dueña del rancho Triple Seis que da nombre a la serie), tan ambigua que no es sino un amor que por su propia (in)decisión queda en platónico, en fraternal amistad. En el fondo Red Dust es un puritano reprimido y melancólico.

Las distintas actitudes frente a la experiencia en la cárcel, común a ambos, y su forma de ser expresidiario cuando salen, ilustra una diferencia crucial entre ambas series: la actitud ante la conciencia de culpa. Red acepta que debe pagar y se resigna. Agacha las orejas, se muerde los labios y cambia su carácter para el resto de la serie.
Blueb aprieta los dientes, sí, pero para jurar venganza mediante un plan tan loco que acaba funcionando. Lo peor de todo es que Red es realmente culpable de asesinato, y él lo sabe. Aunque haya matado a un indeseable absoluto. Igual que sabe que su mundo de oeste sin ley se acaba, y sólo en ese mundo su papel de justiciero romántico tenía sentido. En un mundo sin ley él era la justicia, el pistolero nómada que tiene conciencia, que sabe que el futuro está de parte de los ciudadanos sedentarios entre los que quiere encontrar un hueco. Por eso no le queda más remedio que aceptar el castigo que los sedentarios le imponen por ayudarles al modo nómada. Un poco como el personaje de James Stewart en las películas de Anthony Mann, aunque con menos suerte que este, al final.
Lo que pasa en el mundo de Blueberry es que nadie parece pensar que sus actos tengan alguna consecuencia moral y nadie se siente culpable. Todo el mundo se lanza temerariamente a la acción más enloquecida y violenta como adolescentes con síndrome de inmortalidad, que no temen ningún peligro por que “a mí no me va a pasar”, “los que mueren son los otros” . De hecho, sólo la muerte detendrá el ansia de acción y la ambición de todos los personajes que pululan por la serie ( Steelfingers, Vigo, López, Kimball y Finlay, Allister...) para los que un fracaso, por devastadoramente catastrófico que sea, no supone si no un acicate para volver a la carga. ¡Con cuánta indiferencia se masacra a decenas de inocentes en Blueberry y qué traumático es matar a un malo en Comanche!
Evidentemente J. M.Charlier no siente el menor remordimiento respecto a su trabajo como guionista de tebeos de aventuras y ni se le ocurre que deba justificarse.


Retirada frente a la civilización, que la chica, Comanche, sí acepta. (“La leyenda de la ciudad sin nombre.”) Red Dust, como eterno nostálgico de los “buenos viejos tiempos” teme las novedades. Cuando aparece por el rancho un fotógrafo con un globo aerostático su actitud es de abierta desconfianza. En Blueberry cuando los personajes necesitan gafas, por la edad, para leer se las ponen, y el mismísimo Gerónimo resulta ser un informado lector de la prensa.

El enfrentamiento fratricida como tema recurrente. En Comanche es curioso como el enfrentamiento entre hermanos, con alguna variante, se va repitiendo desde el primer episodio. En él RD se enfrenta a un viejo y muy entrañable amigo, Kentucky Kid, un sujeto alegre que parece lamentar el enfrentamiento mucho más que el propio Red Dust, y que por esto mismo se nos hace más simpático. Porque hay que decir que el Red Dust de los primeros episodios es un tipo de moral muy rígida y con un sentido muy estrecho de lo que está bien y lo que está mal, pese a que, a todas luces, es un pistolero profesional, que incluso lleva dos revólveres con la culata hacia delante: ¡El arquetipo absoluto de pistolero chungo!
En “La revuelta del hambre” asistimos al odio entre dos hermanos de verdad, los cheyenes Fuego Solitario y Caballo Erguido, que terminará dos episodios después ( “Furia rebelde”) con un duelo en el que el segundo matará al primero. No obstante se invierte el paralelismo bíblico y aquí es Abel el homicida. La tragedia de esta familia cheyene se completa con un tercer hermano, “Mancha de Luna/Luna Moteada” según traducciones, que acabará matando involuntariamente a su padre “Tres Bastones” en “La revuelta del hambre.” El propio Red Dust, en uno de los últimos episodios, ya dibujados por Rouge, “El dólar de tres caras”, se las ve con un hermano del que, por supuesto, nadie sabía nada hasta entonces. Resulta ser un mal tipo que pretende jugársela a Red Dust. Al final, cuando vuelva a casa y Comanche le pregunte por él, contestará, después de un silencio, con un expresivo “¿ Qué hermano?”, con el que cierra definitivamente la puerta por la que esa parte de su pasado pretendía regresar.
Esto de que Red Dust se enfrente a su pasado, que resulta ser cada vez más escabroso, se convierte en los últimos capítulos en un recurso un tanto fácil. En “Las fieras”, episodio anterior a “El dólar...” y también dibujado por Rouge, reaparecen unos “amigos” de antaño que han salido de la cárcel y que van a por él, porque le consideran un traidor. Resulta que antes de aparecer por el “Triple Seis”, que es el rancho de Comanche, Dust formó parte de una banda de delincuentes juveniles, conocida como “Las fieras”, que le acogió cuando le echaron del orfanato a los doce años. Cuando empezaron a convertirse en asesinos en serie abandonó la banda, por supuesto, y por eso le consideran un traidor.
Que el pasado de Red Dust era oscuro es algo que presumíamos desde el principio de la serie. Es evidente que un profesional de las armas como él tiene que tener un currículo, y, de hecho, conoce de antiguo a algunos de los sujetos peor encarados que por la serie aparecen: los tres matones de “El dedo...”, Kentucky Kid, “Las fieras”.
Incluso dentro del trozo de su biografía que conocemos, el pasado parece obstinado en perseguir a Dust. Si en “Cielo sangriento sobre Laramie” acaba matando fríamente a Russ Dobbs, un asesino que había quedado indefenso ante él (el momento cumbre de toda la serie por su intensidad dramática), tiene que vivir una situación análoga al final de “Desierto sin luz”: Después de haber cumplido en la cárcel la condena que le impusieron por matar a Russ Dobbs, de nuevo se ve solo ante un asesino psicópata que se ha quedado sin munición. Su conciencia de que vuelve a repetirse la historia le bloquea y tendrá que ser Comanche quien, in extremis, acabe con el malo, aunque esta vez en defensa casi propia, en un final que tiene algún paralelismo con el de la película “Río sin retorno” de Otto Preminger.
Esta idea de que el pasado se repite condiciona incluso la estructura de algunos episodios de la serie. “El dedo del diablo” es, otra vez, el primero de la serie y tanto Red Dust como el lector se dan cuenta: Dust llega de la nada a un rancho en el que una jovencita decidida y un viejo tienen problemas con unos industriales que contratan a unos pistoleros, a los que Dust conoce. Hay un duelo, en el que no participa Dust, pero en el que se rompe también una ventana. Finalmente Dust, con la ayuda de dos “descamisados- pero-buenos-tipos”, se instala en una nueva “familia” para levantar un rancho de la nada. Por cierto, ¡qué buenas las primeras seis páginas!, ¡qué bien condensada la melancolía de quien se retira, de quien se siente excluido, de quien huye de un mundo en el que ya no encuentra su lugar! Esta desubicación ya se había insinuado en “Desierto sin luz” cuando, al volver de la cárcel, descubre que el mundo que él recordaba ya apenas existe. La propia Comanche, su patrona, a la que él recordaba “como un hombre” le recibe vestida de largo, hecha una señorita. Los agentes de la ley de Greenstone Falls han estudiado sicología (¡¡aaagghhh!!). Él mismo se verá enfrentándose a los malos, como antes, pero ahora bendecido por la ley, que, dándole una estrella, le absuelve de pecado por hacer lo que en el episodio anterior le valió la cárcel. En realidad ya ha encontrado su hueco en "la civilización".
En un episodio posterior, “Los sheriffs” (una relectura de “Los siete samuráis” de Kurosawa), cuando Red Dust creía que estaba iniciando una nueva vida, de nuevo el pasado se cruza en su camino: reaparecen el sheriff de Greenstone Falls y Rayo de Luna, y se trata de rescatar a Comanche del asedio de una nueva banda de malhechores, más numerosos y crueles que los Dobbs o la banda de Shotgun Marlowe en “Desierto sin luz”.

Lo que le pasa a Red Dust es que busca arraigar, busca una familia, sí, pero la quiere en un lugar incontaminado, en una Arcadia pura y sin corromper. Esta idea de que la “civilización urbana” es igual a “decadencia” (por cuanto tiene de Europea, lugar del que los padres fundadores de EEUU escaparon para fundar un nuevo Edén más ajustado a lo que, según ellos, eran los designios del señor) es profundísimamente norteamericana y subyace en el fondo ideológico de todo el western. Zane Grey lo formuló brutalmente en sus novelas del oeste y, muy sobre todas, en “La voz de la cañada” que es una auténtica novela de tesis, un auténtico manifiesto de lo que debe considerarse genuinamente norteamericano y lo que un buen americano debe rechazar.



Al contrario que Red Dust, Blueberry demuestra una asombrosa capacidad de adaptación a su cambiante circunstancia. No en vano estamos ante un tipo que, en los momentos comprometidos, es capaz de reinventar su propia identidad cuantas veces haga falta. Si la vida de red Dust parece condenada, en lo esencial, a repetirse cíclicamente, la de Blueb cambia de manera vertiginosa: un mozalbete sudista se cambia de nombre y se convierte en un soldado nordista que ocasionalmente trabajará de sheriff, pero que termina siendo expulsado del ejército y perseguido por la ley. Se refugia entre los indios y cambia de vida y, otra vez, de nombre. Por fin consigue arreglar el asunto que lo había expulsado de entre los blancos, (con la reaparición de personajes de episodios anteriores que no se nos presenta como un retorno del pasado, si no como un cierre de algo inacabado, un paso más hacia el futuro), consigue hacerse medio rico y, cambiando de vida otra vez, se nos vuelve jugador profesional. Y todo esto sin pensárselo dos veces, según le vienen las cosas.

EL PERSONAJE COMO PÚBLICO DE SÍ MISMO
Podríamos relacionar a Blueb con “ la Odisea” y a RD con “la Iliada”.
Blueb, como Odiseo, “fecundo en ardides”, no asume fatalmente su destino. Reescribe su propia vida las veces que haga falta. Tanto es así que en las últimas historias incluso aparece un periodista que pretende escribir y publicar sus aventuras en un periódico. Como Búfalo Bill , Emmett Dalton (que en 1918 era actor en Holywood y llegó a protagonizar una película en la que se interpretaba a si mismo cuando era Emmett Dalton,  el forajido, en 1889)  o Kit Carson, personajes reales de quienes, estando aún vivos, se publicaban aventuras ficticias, Blueberry está a punto de asistir a la conversión de sí mismo en personaje de ficción. Pero es que Blueb es ficción. En realidad va a ingresar en el selecto club de los personajes de ficción que logran convertirse en público de las ficciones que ellos mismos protagonizan: Odiseo, cuando llega, naúfrago, a las costas Feácias, escucha en boca del cantor Demódoco el poema de sus aventuras; y Don Quijote, en la segunda parte, no sólo se encuentra con que muchos son los que han leído ya la primera parte impresa de sus andanzas, si no que llega a visitar una imprenta en la que se prepara una nueva edición de sus aventuras. ( Incluso llega a tener en sus manos un ejemplar de la segunda parte apócrifa y es el mismísimo Don Quijote quien nos garantiza que es falsa. Habría que ver qué cara pone Blueberry si leyera alguna de esas continuaciones espurias que le hacen ). Si logra llegar con vida al cercano siglo XX, quizá Mike S. Donovan llegue a leer en algún periódico, al lado de “Yellow Kid” y los “Katzenjamers”, las tiras de cómic que narren las aventuras del teniente Blueberry.
Ante esto, ¿qué puede hacer Red Dust? Él también a tenido al lado a un periodista que quería contar al mundo la historia de su oeste, y procuró evitarlo. Incluso en esto se notan las diferencias de tono de las dos series: el periodista que acude a Blueberry le busca a él y a su leyenda; el que recurre a Red Dust lo quiere como ayudante para retratar la verdadera Historia de los otros. A Red él le pasa lo que a Héctor en la Iliada: está atrapado por su destino y no logra zafarse. Es más noble, más digno e igual de valeroso, pero en el momento definitivo sólo puede dar vueltas alrededor de Troya. No va a ningún lado. Cuando Red se marcha del rancho y rompe con la vida que le conocíamos, llega a otro sitio en que se repite la misma historia. Por un momento llegamos a pensar que se independizaba, que ahora sería el protagonista absoluto, y resulta que se ve obligado a volver bajo las faldas de Comanche. Nunca logra imponerse.
“Las aventuras de Fort Navajo” terminaron cambiando ese nombre por el de su evidente protagonista: “las aventuras del Teniente Blueberry”.
¡¡¡Las serie que protagoniza Red Dust sigue llamándose “Comanche”!!!. Debe ser el único protagonista de una serie que se publica bajo el nombre de otro personaje. En “La Iliada” Héctor es tan importante como el que más, pero todo el mundo cree que el libro sólo trata de Aquiles. Es lo que pasa cuando uno es un personaje, aunque sea el principal, de una historia con protagonista colectivo, llámese Troya o rancho Triple Seis.