jueves, 9 de enero de 2014

EL ARCÁNGEL SAN MIGUEL, ARCABUCERO.

En un reciente viaje a Tenerife encontré, en un mercadillo de Santa Cruz, esta pequeña tablita, 15 cm  x 27 cm, con el arcángel San Miguel representado como un arcabucero.
Esta forma de representar a los arcángeles es típica del Barroco Novohispano del siglo XVII, muy especialmente en Perú. Asimismo en la iglesia de La Concepción de La Orotava se puede ver (malamente) un cuadro de origen Novohispano del arcángel Rafael, creo. Como pasa en tantas iglesias españolas, está a oscuras y sin ninguna información sobre el autor o el  título. Por eso la foto es tan mala.


Es evidente que durante los siglos de presencia española en América se llevaron continuamente obras de pintores españoles a los virreinatos. Sin embargo no hay reciprocidad en este tráfico. En buena lógica debería haber ejemplos de pintura americana en España, y es cierto que los hay, pero pocos. En principio parece lógico esperar que en las Canarias sea más fácil encontrar este tipo de pintura, aunque también hay ejemplos en iglesias de La Rioja, y el Museo de Bellas Artes de Salamanca tiene una colección de ocho cuadros que resulta realmente insólita  en España.
En este enlace puedes leer un detallado estudio histórico de la representación de seres alados y más o menos angélicos a lo largo de la historia del arte, con una especial dedicación a los cuadros que hay en Salamanca.


 Pero estoy hablando de cuadros de iglesia. Por eso encontrar una tablilla de tan reducidas dimensiones (que por la forma que tiene parece haber estado encajada en algún tipo de retablito pequeño, quizá doméstico, casi al modo de un icono) hace pensar en que en las islas estas imágenes podrían haber sido bastante comunes.

El arcángel arcabucero, concretamente, se ha convertido en el ejemplo más difundido y popular de toda esa nueva reelaboración iconográfica que los artistas de la escuela cusqueña llevaron a cabo en el XVII. A San Miguel Arcabucero lo suelen representar en tres actitudes: con el arma al hombro, apuntando con el arma o cargando con la baqueta introducida en la boca del cañón.




Todavía hoy día en Perú hay muchos pintores que pintan estos arcángeles arcabuceros, del mismo modo que en Grecia sigue habiendo pintores de iconos al estilo clásico. Lo más probable es que este que encontré sea obra de uno de estos pintores de recuerdos para turistas, pero es bonito y una buena excusa para recordar esta escuela pictórica.
La llegada a Lima en 1583 del pintor manierista italiano Bernardo Bitti  se suele dar  como fecha de inicio del arte Cusqueño al dar pie a la creación de talleres de pintura muy activos en los que los pintores locales e indígenas van cobrando más relevancia hasta configurar lo qe propiamente se conoce como “Escuela Cusqueña” desde mediados del XVII.

Un hecho ocurrido a fines del siglo XVII, resultó decisivo para el rumbo que tomó la pintura cusqueña. En 1688, luego de permanentes conflictos, se produce una ruptura en el gremio de pintores que termina con el apartamiento de los pintores indios y mestizos debido, según ellos, a la explotación que eran objeto por parte de sus colegas españoles, que por lo demás constituían una pequeña minoría. A partir de este momento, libres de las imposiciones del gremio, los artistas indios y mestizos se guían por su propia sensibilidad y trasladan al lienzo su mentalidad y su manera de concebir el mundo, dice la Wikipedia.

Otro elemento curioso es que los ángeles que pintan no son únicamente los que nosotros conocemos, Rafael, Gabriel, Miguel y Uriel. De algún modo las variopintas categorías angélicas de los Libros Apócrifos, como el Libro de Enoch, fueron consideradas adecuadas para sustituir a los muchos dioses de los panteones indígenas, y así los nombres de los ángeles que pintan son variadísimos.
















































Pero quien quiera profundizar un poco más pude consultar estas páginas, que lo cuentan más pormenorizadamente.










miércoles, 4 de diciembre de 2013

GRABADOS DEL SIGLO XIX PARA UN LIBRO DE CABALLLERÍAS.

  A lo largo del siglo XIX el grabado a buril en madera de boj se utilizó profusamente en la ilustración de libros y revistas. Quizá el máximo representante de esta disciplina, el más popular, sea Gustave Doré, a quien ya dediqué una entrada en este blog. En esa entrada ya comenté que es él quien crea con sus grabados en madera para "El Quijote" la imagen más reconocible y popular del personaje. Así mismo las ilustraciones de John Tenniel para "Alicia en el País de las Maravillas" conforman la imagen clásica de Alicia , Humpty Dumpty o el Gato de Chaesire, más allá de la imagen ¨Disney, que no hace otra cosa que re-elaborar la iconografía de Tenniel.
   En España también esta forma de ilustración estuvo muy extendida. Y son numerosísimos los grabadores que ilustraron con su trabajo las revistas y libros de la época. La inmensa mayoría ha pasado al olvido y seguramente muy pocos alcanzaron los niveles de excelencia de los talleres de grabado europeos.
  No obstante sería injusto desdeñar  el trabajo de estos ilustradores que a menudo hacían un trabajo muy estimable. Las ilustraciones que reproduzco aquí son las de la edición hecha en Madrid en 1852 de "El Bernardo" de Bernardo de Balbuena en la Biblioteca Ilustrada de Gaspar y Roig. Vienen, todas menos las dos primeras, firmadas por Miranda y Rico.  El primero es el dibujante, seguramente Fernando Miranda, ilustrador activo en los años centrales del siglo XIX. La otra firma es la del grabador, el artesano que talla en la madera  los dibujos del artista, en este caso Bernardo Rico, xilógrafo muy reputado en esa época.
   El libro "El Bernardo", de Bernardo de Balbuena se publicó en 1624, y es un largo poema épico escrito como continuación-respuesta al "Orlando Furioso" de Ariosto. 



     En él se pretende reivindicar la figura mitológica-literaria de Bernardo del Carpio, héroe leonés que, según la tradición española venció y mató en Roncesvalles al gran caballero admirado en toda europa Roldán-Roland-Orlando. 
   Precisamente el libro de Ariosto fue ilustrado por Gustavo Doré, cómo no, a mediados del XIX, los mismos años de la edición de Gaspar y Roig, pero sería injusto pretender establecer comparaciones entre sus ilustraciones y las de Miranda y Rico.  Los grabados de "El Bernardo" nunca ocupan una página entera.  Los más grandes miden 13 x 13 cm.  



   A continuación ofrezco treinta y nueve de esos grabados, especialmente los que están bien impresos, que no son tantos, en la edición que he podido manejar. He dejado fuera apenas tres o cuatro que están muy borrosos.
Veréis que en muchos casos se transparenta el texto del reverso, pero he preferido no forzar demasiado los intentos de corregir con el photoshop para no perder nada.
Espero que os gusten.