martes, 4 de junio de 2013

POSIBLES INFLUENCIAS DE GASTON LEROUX EN LAS AVENTURAS DE TINTÍN


A propósito de las posibles influencias del escritor Gaston Leroux en algunas de las aventuras deTintín.

Gaston Leroux  fue un prolífico autor de novelas de aventuras y misterio que alcanzó un enorme éxito en su momento. Nació en 1868 y murió en 1927. En buena medida se le puede considerar un “folletinista”, pero “trasciende esa clasificación dotando a sus novelas de un ritmo precipitado y misterioso que no se conocía en su época. Lo que le distingue respecto a otros escritores del mismo género es que sobrepujaba lo criminal e iba más allá de lo detectivesco, volando en los cielos literarios de lo fantástico.” ( Esto es lo que pone en la solapa de la edición de “La esposa del Sol” en la entrañable Colección Austral .)
Entre sus numerosas obras ha tenido especial fortuna “El fantasma de la Ópera”, de 1910, todo un icono de la cultura popular gracias a que ha sido adaptada al cine varias veces y, todavía hoy, está en los escenarios de medio mundo en su adaptación al teatro musical.
 Es también muy conocida la primera aventura del joven reportero Rouletabille,  “´El misterio del cuarto amarillo”,  de 1907, una de las más acabadas y tempranas aportaciones al hoy clásico planteamiento de “misterio del cuarto cerrado”, y a la que siguieron otras ocho aventuras de este personaje hasta 1922.
Algunas de sus otras novelas siguen editándose hoy día. Es fácil encontrar en castellano el díptico “La muñeca sangrienta” y “La máquina de asesinar”, novelas de misterio y terror con algo de fantasía y ciencia ficción.
Voy a centrarme en una de sus novelas, ""La esposa del Sol", de 1912, que ya desde el título nos recuerda a la aventura de Tintín "El templo del Sol".
Es indudable que a lo largo de los años treinta sus novelas siguieron siendo leídas, y no me parece aventurado suponer que Hergé, nacido en 1907, las conocería. De hecho, leídos ambos libros, creo que es muy difícil pensar que entre ellos no hay ninguna relación.  A mí me resulta casi inevitable pensar que Hergé tuvo muy presente la novela al escribir esa aventura de Tintin.

Los argumentos son muy parecidos:

En el Perú  del siglo XX sigue existiendo en secreto el reino de los Incas y  el culto a su religión. Los indígenas quechuas, de manera clandestina y casi subversiva, se obstinan en mantener su religión y su organización ancestral, enfrentándose a los europeos que pretenden investigarlos o “civilizarlos”.   Uno de los protagonistas es designado mediante una pulsera inca para ser “ofrecido” al Sol. (Tornasol en Tintín, Maria Teresa en G.L.) En ambos libros los que llevan la pulsera son raptados por los incas clandestinos. Los demás protagonistas occidentales emprenden la expedición de rescate. Hay una persecución por la sierra  guiados por un indígena, porque la ciudad donde residen los Incas es una ciudad secreta de muy difícil acceso. Tienen que recorrer las montañas, atravesar zonas nevadas y después un pantano, y para entrar en el templo recorren  una cueva-catacumba en la que aparecen momias de los antiguas Incas. Los sacrificios al dios Sol se hacen quemando a unas personas sobre unas piras que el propio sol enciende mediante una lupa.  Por el camino aparece el típico general revolucionario, García que está en guerra civil con otro general, Veintemilla. (Este aspecto de la novela de Leroux , sin embargo,  se parece más al ambiente de “La oreja Rota”, donde Tintín conoce al coronel Alcázar, en permanente estado de guerra con el coronel Tapioca,  que aparece fugazmente en “El templo del Sol”. ) Al final los “buenos” rescatan a quien había sido raptado por los incas.

Hasta aquí los paralelismo en el desarrollo de la trama, que me parecen más que evidentes.

Pero también hay diferencias: mientras en Leroux el Inca es derrotado y acaba siendo obligado a trabajar en un banco y a asimilarse a la cultura occidental renunciando a su sueño de reinstaurar el imperio de sus ancestros,  Tintín se despide siendo amigo de los incas  y prometiéndoles guardar el secreto de su ciudad y sus tesoros míticos, que alcanza a ver personalmente.  Esta diferencia de enfoque del final ejemplifica la diferencia crucial entre  hay entre Hergé y Leouux: el tratamiento que se da a los indígenas.
En G. Leroux llama la atención el desprecio y la desconfianza con que se los trata por parte de los europeos. La protagonista, Teresa, es medio francesa, medio española, y dirige la empresa de extracción de guano de su padre, ensoñador descendiente de los conquistadores españoles. Es su lado francés, obviamente, el que la permite ser una empresaria pragmática, europea de verdad y eficaz, que está encantada con los trabajadores chinos emigrantes que empiezan a quitar el trabajo a los indios nativos. En una discusión con el orgulloso capataz indio Huascar se expresa en estos términos:

- “Tus indios están siempre de fiesta. Perezosos y borrachos, sólo los soportaba porque eran tus amigos; pero ahora que me matan mis más útiles servidores, ¿qué quieres que haga?
-¡Los repugnantes hijos de Occidente (los chinos) no son tus servidores! ¡No te aman!
-Trabajan.
-Por una miseria… No tienen dignidad… ¡Son hijos de perros!
-Me sirven bien, y a los tuyos sólo les doy trabajo por compasión.”
                                               ….
- Su gente es inaguantable. ¡Ah, esos indios, qué calamidad! ¡Un orgullo! Y no sirven para nada; de hoy en adelante sólo daré trabajo a los chinos.
                                             ……
-Desde que no está sujeto a la inflexible disciplina de los hijos del Sol, el indio no se ha aprovechado de su libertad sino para entregarse a la pereza. De ahí su miseria y una esclavitud material que le hacen recordar la prosperidad de otros tiempos y clamar solapadamente por el restablecimiento del imperio de los descendientes de Manco Capac.”
                                              …..
“Sin embargo, Natividad (es el jefe de policía)  tenía su pesadilla: los indios. Aborrecía a los quichuas, a los que consideraba hipócritas, haraganes, viciosos y capaces de cometer las mayores infamias…”

Gaston Leroux en realidad sólo comparte y abunda en los extendidos prejuicios raciales que dominaban la sociedad del cambio de siglo y que se refleja en la literatura popular de la época. Pasajes parecidos, de un racismo euro-céntrico y sobre todo anglosajón indiscutido, los podemos encontrar hasta en autores tan respetables como Jack London ( en  “La invasión sin paralelo” de 1910, propone, simple y llanamente, la aniquilación de todos los chinos mediante guerra química) o Conan Doyle (en “La zona ponzoñosa”, una de las aventuras del profesor Challenger, habla directamente de “razas retrasadas” como los negros, los aborígenes australianos, los indios y persas; en Europa, los españoles y portugueses ….)



En Tintín se recoge algo de esa desconfianza de las autoridades hacia los indígenas, aunque no por parte de Tintín.











La actitud de Hergé es la contraria. Tintín enseguida sale en defensa de un niño indio al que unos occidentales  están maltratando. Como siempre en su obra, muestra una simpatía y comprensión hacia los oprimidos y los marginados encomiable.





















 Es posible que en sus muy primerizas aventuras, las más ingenuas, como “Tintín en el Congo”, se mostrase desagradablemente condescendiente con los indígenas, pero su actitud era, más bien, de paternalismo bien intencionado. Nunca de desprecio.



La otra gran diferencia entre ambos es, cómo no, la clásica ausencia de personajes femeninos en Tintín. En la novela de Leroux el motor de la acción es el apasionado romance entre Teresa y Raimundo. Teresa es raptada y Raimundo, claro, se lanza a rescatarla.  En Tintín raptan al profesor Tornasol.

Tampoco pretendo decir que Hergé plagiara el libro de Leroux de "pe a pa", pero sí que para el plan general de la trama y para algunos momentos concretos lo debió tener en cuenta, lo cual tampoco dice nada malo de Hergé.

A continuación ofrezco una comparativa en paralelo entre algunos pasajes de la novela y algunas viñetas de Tintín, sin pretender ser exhaustivo.

LA PULSERA

“Pocos días antes de su desaparición en los subterráneos de Cuzco, María Cristina había recibido un  extraño regalo, una maciza y antigua pulsera de oro con un disco en el centro que representa el Sol……Era la verdadera pulsera del Sol de oro, la pulsera del sacrificio… la que desde la muerte del último rey inca, Atahualpa, quemado vivo por Pizarro, envían cada diez años incas  a aquella q quien eligen para esposa  del Sol.











EL TUNEL EN LA MONTAÑA
“Aquel corredor había sido abierto en la roca y desembocaba en unas salitas cuadradas en donde debían de hallarse los sepulcros de los sacerdotes y de los altos dignatarios, como se ve en las pirámides y en lo hipogeos de Egipto. En la última de estas salas, Orellana apagó su antorcha y se arrodilló. Era imposible, en efecto, caminar de pie, por el angosto pasadizo por el que se deslizó, seguido de Raimundo….Los ojos del joven iban habituándose a las tinieblas ya menos opacas. ¿De dónde procedía aquella débil claridad difusa gracias a la cual entreveía formas, ángulos, columnas? “



LA PIRA .

Así lo describe Leroux.
“….los tres guardianes del Templo, a los tres gnomos de cráneos deformados, que sostenían en sus manos inmóviles un espejo de metal, haciendo converger sus rayos a un montoncito de algodón colocado en el dentro de la plataforma de resina. ¡De este modo atraían la buena voluntad del dios para prender fuego a la pira!




Pero lo peor que podía sucederles era que el dios no las quisiera para sí. Si no las quería, no tenía más que ocultarse el rostro con una nube y la pira no ardía.”











Hergé lo resuelve con el viejo truco del eclipse oportunamente anunciado.









EL TESORO SECRETO DE LOS INCAS
Al final del libro se habla de la viuda del rey Inca que acabó de banquero.
“Un día en que algunas personas se burlaban de la modestia con que vivía la viuda del rey, a la que por mofa llamaban la “Coya”, esta contó que si ella y su marido hubiesen querido, hubieran sido los esposos más ricos de la tierra, pero los tesoros de los incas, según dijo, pertenecen “a los muertos y a los dioses”, y estaba prohibido tocarlos. Entonces le preguntaron si ella había visto aquellos tesoros. La viuda contestó que su marido se los había enseñado, y contó infinidad de historias fantásticas a propósito del Templo de la Muerte, que nadie creyó, como es natural.”



Hasta aquí los parecidos más evidentes y que afectan a la propia trama de la historia, e incluso al orden en que se suceden los acontecimientos. Hay otros muchos detalles coincidentes que seguramente se deben a la documentación preparatoria que  ambos autores consultaran.

Sólo haré un par de consideraciones más sobre este escritor y alguna otra aventura de Tintín.



EL ARIA DE LAS JOYAS

Quizá no signifique nada, pero me pareció curioso que en “El Fantasma de la Ópera” Leroux utilice la representación de “Fausto” de Gounod para ambientar uno de los momentos cruciales de la acción. Y justo cuando  “la Carlotta” acaba de cantar el aria de las joyas...


“Un estruendoso aplauso… La Carlotta hacía su entrada. El acto del jardín se desarrollaba con sus habituales peripecias. Cuando Margarita terminó de cantar el Aria del Rey de Thule fue aclamada. También lo fue cuando terminó la canción de las joyas:
                     ¡Ah! Río de verme
                       tan bella en este espejo….
Entonces, segura de sí misma, segura de sus amigos que estaban en la sala, segura de su voz y de su éxito, la Carlotta se entregó por entero, con ardor, con entusiasmo,   con locura.”

















EL JOVEN REPORTERO ROULETABILLE.

 “El misterio del cuarto amarillo”(1910)
Posiblemente estoy buscando tres pies al gato,  pero cuando leí esta novela de Gaston Leroux no pude evitar reminiscencias de “las joyas de la Castafiore”. El propio protagonista de la novela, Rouletabille, es un joven reportero adolescente (al que se describe con una cabeza redonda como una bola, aunque no creo que este detalle sea más que casual),  que vivirá toda una serie de aventuras en escenarios exóticos.
 En este caso investiga  en un caserón aislado en el campo, con un gran jardín rodeado de una tapia, donde viven una serie de personajes entre los que se halla un científico que investiga allí. No es que “las joyas …” responda al modelo de “misterio del cuarto cerrado”, pero la ambientación sí que parece similar.
 Y de todos modos Hergé ya había hecho su aportación al tema del “misterio del cuarto cerrado” en  “El cetro de Ottokar”,  cuando Tintín descubre el ingenioso método usado para sacar el cetro de una habitación cerrada, vigilada y con rejas en las ventanas.